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El efecto Álvaro Uribe

Ahora la propuesta es de “paz total”, concepto que va más allá de los diálogos con las Farc en Cuba. Preocupan derrota en Bogotá ante el uribismo y paro agrario.

El expresidente Álvaro Uribe y el presidente Juan Manuel Santos, en épocas amistosas.  / SIG
El expresidente Álvaro Uribe y el presidente Juan Manuel Santos, en épocas amistosas. / SIG

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En la noche del miércoles pasado, en el discurso del presidente Juan Manuel Santos por la apertura de su sede de campaña en el claustro La Enseñanza en Bogotá y la presentación de la imagen para su reelección, hubo un detalle que pasó inadvertido. En ningún momento el jefe de Estado mencionó a La Habana y mucho menos a las Farc. En cambio, incorporó un nuevo concepto que —como lo explicó— será de ahora en adelante su principal propuesta al país y al electorado: el de la “paz total”, es decir, una paz entendida “más allá de los fusiles” y que incluye la seguridad ciudadana, para que la gente se sienta tranquila al salir de sus casas; ser la nación más educada de América Latina en 2025; erradicar la miseria en los próximos diez años; acabar con el déficit habitacional y generar más y mejor empleo para los colombianos.

Un cambio de postura que comenzó a pensarse desde hace algunas semanas y cuya necesidad de implementación terminó de afianzarse el domingo pasado, con los resultados de las elecciones a Congreso de la República, donde el expresidente Álvaro Uribe y su Centro Democrático lograron 19 curules en el Senado, con más de dos millones de votos, y les ganaron a los partidos de la Unidad Nacional —la U, Liberal y Cambio Radical— nada más ni nada menos que en Bogotá, considerada fortín electoral del santismo y el vargasllerismo. Algo que incluso ya salió a cobrar el uribismo: “En lo que Santos y Vargas Lleras consideraban su feudo, les ganamos. Ese es el presagio de lo que va a pasar en las presidenciales”, dijo Carlos Holmes Trujillo, fórmula vicepresidencial del Centro Democrático.

Y es que, así nadie lo reconozca, el regreso de Uribe como protagonista político —con muchos más bríos que los que hasta ahora había demostrado a través de sus trinos en Twitter y con su discurso de seguridad reforzado— tiene con los pelos de punta a más de uno en la campaña reeleccionista. Ello, sumado al rechazo mayoritario que la gente expresa en las encuestas a la continuidad de Santos, hace pensar hoy más que nunca en un replanteamiento de la estrategia de campaña y en ese cambio de discurso frente a la paz, pues los estudios internos que se hacen en el santismo habrían demostrado que el tema de las negociaciones con la guerrilla en Cuba, así tenga respaldo en la mayoría de la gente, es relacionado también con el afán de la reelección y no es la gran prioridad.

En otras palabras, si bien la paz para los colombianos es un fin supremo, electoralmente pesan más asuntos que tienen que ver con el bolsillo y el bienestar social: bajar el precio de los combustibles, seguridad urbana, empleo, vivienda, educación, beneficios para las empresas que contraten a madres cabezas de familia, entre otras. Es lo que el Partido Liberal ha denominado proyectos que contribuyen a reducir el “costo país”. Y con unas mayorías precarias de la Unidad Nacional en el Legislativo, la estrategia también apunta a contrarrestar el discurso de Uribe de que el recién elegido Congreso es “ilegítimo” —por aquello de la “mermelada” y del supuesto “fraude” que le hicieron— con la propuesta de crear un “frente común” más allá de los partidos, donde el mensaje sea el de una campaña “con visión de futuro, no anclada al pasado y el miedo”.

Al buen entendedor, pocas palabras. Y en ese nuevo mapa político que plantea la llegada del uribismo con capacidad de juego en el Congreso, es claro que la campaña de reelección del presidente Santos busca garantizar la gobernabilidad ante un eventual segundo mandato. Gobernabilidad que no sólo pasa por las mayorías en el Capitolio, sino también por cerrarle el paso a lo que creen es uno de los propósitos del exmandatario: forzar la realización de una asamblea constituyente, donde está convencido lograría las mayorías y podría, así hoy lo nieguen en el Centro Democrático, abrir la puerta para el regreso al poder. Por algo ya el también senador electo José Obdulio Gaviria comenzó a hablar de una pequeña constituyente para reformar la justicia. Y en el santismo, hoy sí que se toman en serio aquella frase de que las constituyentes se sabe cómo comienzan, pero no cómo terminan.

Pero además, el actual ajedrez político-electoral de cara a las presidenciales de mayo muestra un escenario paralelo en el que todas las fuerzas buscan cosechar. Se trata, ni más ni menos, que del proceso de revocatoria contra el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Ya se dijo que el Centro Democrático se había quedado con la porción más grande del pastel en cuanto a representantes a la Cámara por la capital (cinco curules y pelea una sexta). Pues resulta que el exvicepresidente Francisco Santos ha dicho que aunque no se metió de lleno en las elecciones legislativas, esa victoria tiene mucho que ver con su liderazgo en la campaña del “Chao Petro”, pues los electores lo interpretaron como que había que apoyar el uribismo en la ciudad.

Por eso, con el proceso de revocatoria de Petro atravesado, la urgencia del santismo es recuperar cuanto antes al electorado bogotano. Por algo el primer movimiento de Germán Vargas Lleras, fórmula vicepresidencial para la reelección, fue un recorrido que comenzó en Kennedy y lo llevó durante toda la semana pasada por casi todas las localidades de Bogotá. Ahí, reiteró que el presidente Santos sigue firme en cuanto a los compromisos adquiridos, independientemente del futuro político de la ciudad. “En Bogotá se han presentado dificultades y no creo que este sea el momento de polarizar el debate”, dijo. De paso, habló de la cofinanciación del metro, reconstruir los corredores férreos para alta velocidad, implementar los metrocables, iniciar el proyecto de renovación urbana del CAN y aumentar el pie de fuerza policial.

Y hay otra urgencia para Santos y su misión reeleccionista: desactivar el anunciado paro agrario del 28 de abril, que involucraría, además de las llamadas dignidades agropecuarias, a la Marcha Patriótica, a las comunidades indígenas y afros, a los movimientos campesinos del Catatumbo y de otras regiones del país. Una protesta que alienta a los sectores de izquierda democrática y que se teme pueda ser influenciada por las Farc. “Sería como una bomba atómica a la campaña”, le dijo a El Espectador una persona cercana al santismo. De hecho, entre los comerciales de televisión lanzados también esta semana por la campaña reeleccionista, se puede ver uno con campesinos cosechando papa e invitando a no quedarse por fuera del Pacto Agrario, el acuerdo que firmó el Gobierno el año pasado, precisamente para neutralizar las protestas campesinas, y que ahora lo acusan de incumplir.

Quedan nueve semanas que anuncian enconado debate. En medio de la elección presidencial está hoy el proceso de revocatoria a Gustavo Petro, la amenaza de paro agrario, la incertidumbre del proceso de paz con las Farc y una marcada polarización que se refleja en las encuestas, que por ahora muestran que no habrá ganador en primera vuelta. Y un nuevo mapa político que abre el camino a las alianzas partidistas, donde cada apoyo suma o puede restar, de acuerdo con las conveniencias. De lo que no cabe duda es que desde el domingo anterior, el presidente Santos y sus aliados por la reelección quedaron notificados de la capacidad política del expresidente Uribe, bien sea desde adentro, en el Congreso, o desde afuera, si es que no se posesiona.

En Barranquilla empieza campaña de Santos en las regiones

Este domingo, desde las 2:30 p.m., el estadio de béisbol Tomás Arrieta de Barranquilla abrirá sus puertas para el primer evento masivo que hará el presidente candidato Juan Manuel Santos. Allí iniciará su recorrido por las regiones del país. El programa lo abrirán varios artistas, entre quienes están el autor de El Serrucho, Mr. Black; el vallenatero Peter Manjarrés y la Banda de Baranoa.

En la tarde, se prevé que Santos llegue a dar su discurso, acompañado de su familia y sus aliados políticos, entre ellos los directores de los partidos de la Unidad Nacional. Una intervención en la que el mandatario se referirá a la paz total, sin ahondar en el proceso con las Farc. Eso quiere decir que se enfocará en propuestas para acabar la criminalidad y otros compromisos de política social con la región Caribe.

Santos señaló que escogió la capital del Atlántico porque ha sido “una ciudad agradecida y es la sede de la selección”.

 De acuerdo con el equipo de campaña, se espera que a este lanzamiento asistan “comunidades provenientes de los barrios populares de Barranquilla y de otras ciudades y municipios del Caribe”.

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