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Un perpetuo gesto

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EL INVENTOR DE LOS CONSEJOS COmunales es un gobernante especialista en actuar en directo ante la tribuna, porque la adrenalina del contacto con personas es lo que enciende todos sus mecanismos políticos, su prolija memoria, su capacidad de reacción y la excitación verbal y mental para citar proverbios, hacer frases, desplantes y gestos que hacen que el auditorio tanto como los medios de comunicación, queden pegados a él.

“Sea varón y quédese a discutir de frente”, dicho por Uribe a Chávez en una cumbre latinoamericana de presidentes, ante el antichavismo reinante, es un gesto cuyo dividendo Uribe conoce cuánto vale a esta altura del partido. Ahora cuando no tiene sus consejos comunales, el político Álvaro Uribe en su desesperación por ir en vivo y en directo, acude a debates azarosos, a emisoras de bajo cubrimiento y hasta a los conmutadores para contestar las llamadas de usuarios alarmados por los decretos de la emergencia de la salud. Todo vale.

Pelea en vivo con el Ministro de Protección al que el país ha declarado insubsistente desde que asumió para no ejercer. Amenaza con irse a las manos con un periodista o con un presidente y dispone su hombría como un actor, porque busca ser recordado como el presidente hecho a la medida de Colombia y con los mayores porcentajes de favoritismo trabajados semana a semana con estrategias de opinión al menudeo que sólo Álvaro Uribe domina. Su secreto es disolver todos los líos que su recalentado mandato ha acumulado mientras fabrica contactos diminutos, afinidades instantáneas para recordar a las tribunas que él sigue a cargo como el gran patriarca que quisiera llegar a ser.

Después de ocho años de urdir todas de las hebras del poder, de haber aguzado su olfato político, que al comienzo le distinguía lo corrupto pero que ya le resulta igual mientas sea manipulable a su favor. A esta altura Álvaro Uribe ha reducido las figuras a su alrededor a decorado, lo que permite dibujar el perfil de un político de manufactura única, de nuevo cuño, aunque no del siglo XXI sino alguien que reencaucha a los populistas del siglo XX.

Un perfil político hecho de trucos de comunicación, que produce imágenes y frases para su recordación: “Le voy a dar en la cara marica” o la exhibición de la taza de café mientras monta un caballo de paso; con gestos que le son propios: el índice derecho como entablillado que apunta erguido hacia el interlocutor; con la sonrisa oblicua que revela que no dice todo lo que piensa; con el tenerse del espaldar de un asiento cuando está a punto de salirse de casillas. Con discursos que arriesgan argumentos de apostador que provocan al otro para que muestre sus jugadas. Con una constante exposición pública y con largos pasajes para estrechar la mano y saludar por el nombre al público. Son gestos repetidos durante ocho años en un país en el que sólo los armados ocupan el lugar simbólico del poder y son los que copan el ideario popular, este estilo ha adquirido las proporciones de una caracterizada impronta política. Un sello que tiene a Colombia en un infantilismo ideológico que le impide pensarse sin este cacique que se montó para llevar las riendas de la bestia a nombre de todos.

Para nuestra desgracia este experto domador ha alimentado su adicción al poder con otros cuatro años de lo mismo, al punto de duplicar su deseo de perpetuarse encima, al mando, porque está convencido que lo maneja a la perfección.

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