Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La protesta y la búsqueda de la verdad nunca podrán desligarse. El derecho a la protesta nace de la libertad de pensamiento, principio que nadie se atreve a cuestionar. La protesta es una manifestación de que alguien es abusado o, más triste aún, puede ser que alguien manipule para lograr abusos o que la impunidad o la ventaja perduren. El pensar que hay soluciones, pues hay alguien del género humano que cree tenerlas. Y nace la convocatoria, los argumentos y no falta, que en ocasiones la manipulación de la verdad, el pago a medios, la manipulación de medios, ahora en boga con los disponibles por la tecnología, sea el camino para mostrar los hechos y manipular la verdad. En fin, se busca que la verdad no sea conocida, y las soluciones, ¡qué difíciles! Y así, millones de protestas se quedan unas en simples escaramuzas y otras escalan los compliques, pero el problema ahí no se resuelve y será semilla para otra protesta. Llegamos entonces a cómo lograr que la protesta, que es un mecanismo completamente válido y necesario para solucionar los problemas, para enderezar el camino, logre los objetivos. Creo que es donde los medios de comunicación deben aportar. No se entiende que los medios muchas veces, se limiten a mostrar los heridos, los trancones, los desórdenes e incomodidades por mil, pero investigaciones a las razones de las huelgas, de paros, de protestas, brillan, casi siempre, bien por su ausencia o por su pobreza. No se entiende que falten investigaciones a situaciones laborales, a la pobreza, a la casi nula relación laboral entre obreros y patrones, a la forma como se contrata a infinidad de obreros a través de cooperativas, con contratos de escasísima estabilidad, que se emplean como mecanismo para abusos, que logran romper el derecho a la asociación, a pertenecer a un sindicato. Sí, no se entiende que los medios de comunicación informen tan poco al respecto. Esta situación es permitida por el Estado y en muy grandes empresas, y peor aún, usada por ni se sabe cuántas entidades estatales. No es posible que casos de abusos comerciales, laborales, denuncias, atropellos a las personas y a la naturaleza se muestren como simples hechos de sangre, de incomodidades, y que no se trate de evitar futuras protestas, y que los correctivos sean tan escasos. Se pide entonces a los medios de comunicación una participación más activa pues, imagino, sus principios son contribuir a conocer la verdad. No puede ser posible que el que viola, el que agrede, sea, muchas veces, el portador de la verdad, y como pasa en tantas ocasiones, los aplausos y reconocimientos le llegan por montones. Cuántos abusos, cuánto derramamiento de sangre se habría evitado y cuántas soluciones se lograrían si se investigaran las causas, y a los responsables de las protestas; y de parte y parte, sean llamados a explicar qué está pasando y que todos tengan voz.
La protesta es un medio para encontrar soluciones y que por negligencia de muchos, por no querer conocer la verdad o, peor aún, por colaborar a taparla, se torne la protesta en fuente de incomodidades y complicaciones.
Pedir a los medios más colaboración es menester, la toma de conciencia en comunión de la ciudadanía y, si es preciso, apoyar la protesta; al fin y al cabo, seremos beneficiados si los problemas se solucionan, y evitando que las semillas de protestas repetidas puedan germinar. Claro, están ahí, siguen ahí, no se solucionan los problemas. Soluciones hay, y luchemos para que sean realidad.
Manuel José Jiménez Gómez
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com