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Muchas situaciones se viven en nuestro fútbol y parecen estar en el campo de los sueños. Ejemplos sobran, aunque por espacio sólo escogí dos.
La selección de Colombia de mayores, no se sabe por qué, dejó de existir. Tanto así que el último seleccionador, Eduardo Lara, regresó al oficio que mejor conoce, la preparación de juveniles. En este caso su atención está orientada a la selección Sub-20, que tiene compromiso en cuestión de meses.
La mayoría de los jugadores convocados pertenecen a equipos profesionales, con lo cual se garantiza al menos, que disponen de buenos fundamentos.
Sin entrar en detalles, supe que la selección Sub-17 vuelve a ofrecer problemas en la documentación de jugadores. La alteración de la edad desafortunadamente hace carrera en esta categoría. Menos mal que la desconfianza existe y ya los técnicos y la misma dirigencia, verifican primero la veracidad de los datos, para eludir sanciones y descalificaciones en próximos compromisos.
La selección de mayores volvió a ser noticia cuando desde Argentina se aseguró que el nuevo técnico de Racing, Miguel Ángel Russo, y su asistente, Hugo Gotardi, habrían advertido a ese club que si después de junio aparecía una oferta del exterior, ellos darían por cancelado el contrato.
Y entonces se supo del nombre de Colombia como una oportunidad de trabajo. Nadie en la Federación ha dicho “esta boca es mía”, aunque algún dirigente quizá haya sondeado la posibilidad.
Russo es de recorrido internacional, parece ser una persona interesante en su trabajo y tal vez sea recomendado por la famosa comisión técnica donde debe figurar como cabeza visible, digo yo, Francisco Maturana, porque sabe cómo diseñar un plan de trabajo, fue excelente jugador, nos llevó a Mundial y algo debe tener. Él debería ser el encargado de conversar con Russo o quien fuere para fijar objetivos.
El otro punto triste es el de Deportivo Cali. No funciona en términos deportivos, acusa un monto de deudas increíble, así tenga activos para respaldarlas. Ayer, por lo menos, pudo estrenar por fin en un partido del torneo colombiano su majestuoso estadio, al que sin embargo todavía le faltan algunas obras. Los constructores no lo han entregado y por eso el Cali figura por ahora como arrendatario de su propio escenario.
Una vez más la dirigencia falló en sus proyecciones al respecto. Después de esto, es claro que ningún otro equipo colombiano montará un embeleco como ese. Algo parecido a los tropiezos que vivimos en Bogotá en cuanto a obras viales. faltó estudio, previsión, porque entre otras al estadio verdiblanco le falta adecuación para suministro de agua y ni hablar del sistema de transporte para movilizar a sus hinchas.