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Hay amistades que sobreviven al rigor de los años. Miguel Eduardo Flórez comenzó a ser amigo de Miguel Ángel López gracias a la bicicleta. Ambos se formaron en los mismos caminos empinados de Boyacá y hoy, con equipos distintos, se siguen viendo las caras, esta vez en una de las carreras más prestigiosas del ciclismo: el Giro de Italia.
Al igual que otros pedalistas, Flórez se metió al ciclismo de casualidad. Nunca lo vio como una oportunidad de vida. Nació en el municipio de Duitama y llegó a su primer equipo, el Ciudad Duitama, por seguirle la cuerda a sus amigos y correr junto a ellos. La sorpresa fue que cuando el camino se empinaba, Flórez era el distinto.
Ese talento para la escalada lo vio Rafael Acevedo, el mismo hombre que formó hace algunos años al jefe de filas del Astana y la principal carta que tiene Colombia para pelear el título del Giro de Italia.
Acevedo, y en parte Miguel Ángel, se encargaron de convencer a Flórez de que en el ciclismo podía tener futuro. Ahí fue que comenzó una amistad, que hasta el día de hoy, es incondicional con Superman López. “Somos panitas”, cuenta Flórez después de afrontar su primera semana en el Giro de Italia. Sus primeros días como corredor de grandes vueltas.
Cuando comenzó la actual edición de la Corsa Rosa, entre los siete colombianos que estuvieron en la partida, el de menos cartel era Flórez. A pesar de la ausencia de Egan Bernal, por un rotura de clavícula, las esperanzas del país se posaron sobre las piernas de Miguel Ángel, su amigo desde cuando corrían para la Liga de Boyacá.
Precisamente fue en su tierra en donde encontró la oportunidad de figurar por fuera del país. En 2016, Nairo Quintana ayudó con dinero para que el que equipo Boyacá Raza de Campeones pudiese ser de categoría Continental, entre sus integrantes, recomendado por Acevedo, llegó Flórez. Con ellos no alcanzó el rendimiento esperado. Con esa escuadra disputó las carreras Castilla y León y la Vuelta a Asturias, en España, y la Vuelta a Portugal, en la que ganó una etapa y se vistió de líder, pero luego se enfermó y tuvo que retirarse.
Sin embargo, ese esfuerzo no fue en vano. El entrenador de la seleción de Colombia de ciclismo, Carlos Mario Jaramillo, lo llevó al Panamericano de ruta de 2016 que se corrió en San Cristóbal, Venezuela.
A esa competencia fue a ser gregario y ayudó a John Rodríguez a obtener una medalla de plata en la ruta sub-23.
Ese buen papel le gustó tanto a Carlos Mario que lo volvió a llamar al equipo nacional, esta vez para ser gregario de un joven de Zipaquirá que parecía tener condiciones: un tal Egan Bernal. En el Tour de L’Avenir de 2016, Egan terminó cuarto en la general y Flórez se puso durante la carrera la camiseta del mejor de la montaña.
Ese talento para la escalada le interesó al español Joxean Fernández, quien por ese entonces era el director deportivo del equipo belga Quick-Step Floors. Matxín, como es conocido, le prometió que le iba a conseguir equipo. Al final de esa temporada, lo llamó a darle la noticia de que en 2017 se iba para Europa a correr con la camiseta de la escuadra italiana Wilier Triestina.
Aunque no todo comenzó como soñó. “La rodilla me molestó y me tuvo parado tres meses sin montar. La verdad es que ese primer año fue muy malo para mí», recuerda. El diagnostico fue poco alentador: «hiperpresión rotular».
Una lesión que ocurre cuando los músculos no están preparados para un fuerte esfuerzo, pero la mejor forma de afrontar la recuperación fue sobre la bicicleta. Compitió en carreras menores en Europa y corrió un par de etapas en Turquía. Ningún éxito, tan solo fue una terapia.
En su segundo año como profesional todo fue de un color distinto. En 2018, con la selección, disputó la primera edición del Tour Colombia. Y una vez más, volvió a ser gregario. Fue el escudero de Darwin Atapuma y Járlinson Pantano.Ya con más madurez empezó a afrontar las carreras con otra actitud. Ese nuevo rol con el Wilier Triestina le dio réditos muy rápido.
Se metió top 20 en el Tour de Limousin en Francia, pero fue en la Vuelta Burgos cuando, a pesar de ser de otra escuadra, quiso ayudar en la última etapa a Miguel Ángel López, el líder transitorio.
“Ese día hubo una fuga de seis corredores, entre esos iba yo, pero en los últimos cinco kilómetros el pelotón donde iba Miguel empezó a apretar”, señala Flórez, quien parte hoy desde la casilla 112 a más de 40 minutos del líder, el italiano Valerio Conti.
Esa última etapa, en la Lagunas de Neila, Flórez la recuerda con claridad. “Iván Sosa estaba muy fuerte, el último día Miguel Ángel, así como lo hacía desde chiquito, probó largar a todo el mundo de rueda cuando faltaban más de tres kilómetros para la llegada. Incluso, él siendo líder, quiso dejarnos a todos tirados cuando cogió la fuga, yo le ayude a tirar un rato, pero el ritmo de él y de Iván era demoledor. En los últimos 500 metros Sosa lo sorprendió y antes le sacó tiempo”.
Esa etapa fue la consagración de Sosa, hoy en el Team Ineos, pero también fue un día especial para Flórez. El italiano Gianni Savio, el director deportivo del equipo italiano Androni Giocattoli, se interesó en él.
“Me gustó mucho su potencia y su habilidad para subir en las cuestas cortas, es más, cuando le hicimos las pruebas, Miguel arrojó resultados parecidos a los de Sosa”, apunta Savio, quien espera que Flórez, sobre todo en las jornada de más alta montaña, sobresalga y saque sus dotes de escalador.
¿Dónde ha estado el lunar para que Flórez no brille como sus compatriotas? Savio, al igual que Acevedo, concuerdan en algo: la mentalidad. “A él le falta creerse sus capacidades, en que tiene con qué romper carreras y ganar cosas, es cuestión de tiempo para que lo entienda”, apuntó Savio.
Un reto al que Miguel no le saca el cuerpo, admite que sus entrenadores tiene razón, que son ellos los que ven cosas que cualquier ser humano no es capaz de ver en sí mismo. “Es mi primer Giro, estoy muy tranquilo. Me gustaría pelear en la etapa 13, junto a los corredores fuertes. Ojalá Miguel Ángel esté ahí y si mis piernas no dan para buscar una victoria, espero ayudarlo a que consiga el Giro”, cierra el panita de Supermán.