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La Copa América de Marina Granziera

«Me gané el título oficial de «despachadora» de equipos. Seguí a Brasil y la selección cayó. Cubrí a Perú y los incas fueron eliminados…»

Por Marina Granziera
24 de junio de 2016
La Copa América de Marina Granziera

Les había prometido seguir contando mi experiencia en La Copa América. Aquí voy.

¿Si les dijera que no pensé que lo grueso de emociones llegaría al final, me creen? Pues así fue. Primero, porque me gané el título oficial de “despachadora” de equipos. Seguí a Brasil y la Selección cayó… Cubrí a Perú y los incas fueron eliminados… Así que cuando Colombia jugó contra Chile y me mandaron a cubrir, los mismos chilenos, que ya habían oído que yo estaba “eliminando” selecciones, me miraban raro. 

Hablando de eliminaciones, debo confesar que el punto más “triste” de la Copa fue la zona mixta del partido en el que Brasil salió del torneo de forma vergonzosa. Confieso que por más de que yo hinche por Colombia, no me gusta ver perder a Brasil. Pero más allá, lo más raro fue el silencio de los periodistas brasileros. Entre el susto por la derrota, la tristeza y la rabia, lo único que se podía escuchar en la zona eran las llamadas telefónicas arreglando el viaje de vuelta. 

Aprendí algo fundamental en este torneo. “Ponga atención a las astillas”. Imagínense que en el comienzo de la Copa, mientras me ponía un zapato en la mañana se me enterró una en el pie. Le hice poco caso y me olvidé de ella. Pasaron los días, empecé a sentir un dolor y vi que la astilla se había infectado. Conclusión: médico, antibiótico, farmacia, curitas, desinfectante… Todo esto me pasó en New Jersey, aguantando los trancones. ¡Lo bueno es que soporté el dolor y todo salió bien! 

En otros temas, cuando uno está de viaje come lo que encuentra. Y hay días que te va bien y otros que son fatales. Creo que puedo contar en una mano las veces que cené, porque generalmente almorzaba a las 4 o 5 p.m., pero confieso que la mejor comida del viaje fue un calentado gigante, dentro del carro, en el parqueadero del estadio MetLife, antes de que se iniciara La Fiesta Del Gol. Supe que Rochi Stenvenson estaba haciendo una nota en un restaurante colombiano, y a esa altura, cuando ya nada me sabía rico, llamé a pedir un domicilio. ¡Fue delicioso!  (Y eso que yo nunca pido un calentado en Colombia.)

Cuando llegamos a la última semana para el partido Colombia-Chile me acordé del inicio del viaje. Y pensé: Wow, eso fue hace muchísimo tiempo. ¡Parecía, incluso, otro evento! Fueron tres semanas agitadas en ocho ciudades: Los Ángeles, Santa Clara, Orlando, Houston, Phoenix, Boston, New Jersey y Chicago. Esta última, que visité por primera vez, se me hizo la más bonita de EE.UU.

Será un dulce regreso a casa. Queda siempre una especie de guayabo al terminar un cubrimiento, pero la alegría de saber que aquí se aprendió, se creció y se conoció, no tiene precio. Tengo el privilegio de hacer lo que amo. 

Y les dejo otra de mis enseñanzas de la Copa América: ¡Tú, tranquilo! Sigue adelante, porque si te pierdes, algún GPS recalculara tu ruta.

¡Gracias por haber compartido esta aventura conmigo!

Ilustración: @lauraennube 

 

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