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Luego de que los verdes anunciaran su rol como opositores en el entrante periodo, el discurso visual de Mockus, al bajarse los calzones y mostrar sus nalgas para silenciar a un congreso vociferante, lo comienza a confirmar en el liderazgo de esa nueva oposición. Más allá de lo anecdótico, fue un golpe de autoridad; un mensaje para sus colegas de la bancada opositora.
Cuando todos esperaban, de acuerdo a los resultados electorales, las habituales actitudes para llamar la atención del candidato Petro, quien sigue en campaña, un Mockus enfermo, pero no incapacitado, recordó que también existe una retórica visual, con menos reglas en la sociedad digital, y que sabe utilizarla. Una herramienta de comunicación política en que ha demostrado maestría.
Lo de Mockus puede ser de mal gusto pero no deja de llamar la atención sobre el deber que tienen todos los parlamentarios de escuchar, con respeto, a sus colegas. Si con ese gesto se logra reducir o erradicar ese mal hábito, coincidiremos en que el costo es bajo.
La empelotada mandó a segundo plano la presencia de las FARC y la ausencia de dos de sus principales dirigentes; la despedida de Santos; la conversión del Centro Democrático, de la oposición a la presidencia del congreso en apenas unos meses, confirmando el giro en U, y con U incluida, de muchos sectores políticos. De paso, corroboró la salud de nuestra democracia: cambios de tal tamaño no son posibles en dictaduras. Y lograr eso, apenas entrando, no puede calificarse como un hecho menor que, sin embargo, no debe distraernos sobre asuntos más de fondo que pudimos observar.
La ausencia de dos de los dirigentes de las FARC, y más que ello las razones de esa ausencia, confirman que a los acuerdos les falta tela para cortar. Si a eso se suma la creciente actividad de las llamadas disidencias y la solicitud explícita del presidente saliente, reconociendo el camino por recorrer pero no los errores en el diseño e implementación de los acuerdos, coincidiremos en que la tarea más importante del congreso y el gobierno entrante, par y paso con la lucha anti corrupción, puede ser despejar las incógnitas que ahora están sobre las mesas, incluido el E.L.N. El cumplimiento, o no, de los acuerdos, por otra parte, confirma que no se trata solamente de un problema ideológico o político, como se ha visto con la JEP: también es un problema de gestión.
Acerca de la conversión de mayorías y gobernabilidad del presidente entrante nadie debe sorprenderse: el ejecutivo impone condiciones, como lo ha hecho en todos los periodos de gobierno: las mayorías Uribistas en 2002 y 2006 que se “pasaron” a Santos retornan al redil. Cambio Radical y la U, partidos de la entraña de Santos en sus ocho años de gobierno, participaron del acuerdo que eligió al nuevo presidente del congreso. ¿Ingresarán al gobierno otra vez?
Por ahora, pero solo por ahora, la coalición parece precaria. Necesitará 55 senadores y 87 representantes para lograr mayoría simple, y 72 y 115 para la calificada. Si Tuviésemos un sistema parlamentario podría encontrarse en problemas pero el presidencialismo es históricamente arrollador. Recordemos el caso de la U: luego de ser el partido de Uribe se pasó a Santos; a Uribe le tocó crear otro partido.
Mockus y sus amigos Verdes fueron definitivos en la votación de Petro, quien con su apoyo pasó de 4.8 millones de votos en primera vuelta a 8.0 en segunda. La mayoría de los 4.6 millones de votos de Fajardo se sumaron al petrismo luego de la adhesión de Mockus. Por eso no suena tan raro que ejerza, de hecho, como líder de la oposición, a pesar de su particular, pero eficaz, manera de enviar mensajes a la gran opinión.
Posdata: Nicaragua, de frente, comienza a transitar el camino ya recorrido por Venezuela: Sus gobernantes están atornillados al poder. Todo vale.