Publicidad

Sigifredo López, el sobreviviente

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

AYER SE CUMPLIÓ UN AÑO DE LA LIberación del ex diputado del Valle Sigifredo López.

El relato de su cautiverio es un descenso al horror, pero lo necesitamos porque se trata del único sobreviviente de la masacre más grave del país después del holocausto del Palacio de Justicia.

Sigifredo fue secuestrado con otros once diputados del Valle en abril de 2002 en cumplimiento de las órdenes impartidas por El Mono Jojoy, que declaró objetivo militar a toda la clase política de Colombia. Las Farc eran poderosas entonces y hablaban duro. Se habían fortalecido durante la débil administración de Ernesto Samper —cuando pasaron de la emboscada a la guerra de posiciones y a la audacia de la toma de bases militares— y se consolidaron luego, con la espléndida gabela del Caguán. Allí lo tuvieron todo y todo lo desperdiciaron. Cuando tenían que hacer historia, hicieron popis.

Pero volvamos a mi asunto. El relato de Sigifredo no es sólo las cadenas, el hambre, las culebras y todos los horrores que sufren los secuestrados por los subhombres de las Farc. No. Él nos revela otras lindezas. Como la vez que se les escapó a sus captores pero fue recapturado y en castigo lo amarraron a un árbol un mes y le quemaron los cuadernos de sus poemas, los cientos de páginas que les había escrito a sus hijos, a su mujer, a su dolor. O como la vez que peluqueó a sus compañeros (Sigifredo era el peluquero y el contador de historias del grupo) y el diputado Rufino Varela, el más veterano del grupo, recogió un mechón de sus cabellos grises y se los entregó a Sigifredo. “Si no salgo vivo de aquí —le dijo—, dáselos a mi mujer”. Sigifredo cargó el mechón de Rufino cinco años en la billetera, pero el día de su liberación los guerrilleros le decomisaron los nuevos cuadernos (por seguridad, dijeron) y el mechón de Rufino (por crasa hijueputez).

Cuenta que cuando el Ejército andaba cerca de los cambuches donde malvivían (y fueron muchas las veces que esto sucedió) un guerrillero le metía el cañón del fusil en el oído y le ordenaba no parpadear. La orden era simple: en caso de un intento de rescate, las primeras balas serían para los diputados.

Pero lo peor son las historias de los niños de las Farc, de esas criaturas que un día cualquiera tienen que cambiar sus canciones y sus sueños por un fusil y pasar pruebas espeluznantes, como la de “ajusticiar” por orden de su comandante a otro niño guerrillero. Así le pasó a “La Chiva”, una guerrillera de quince años que tuvo que ejecutar a puñaladas a “Simoncito”, acusado de robar una lata de atún. Y lo más increíble es que estas infamias no escandalizaban a los guerrilleros: es normal, parte del pénsum del kínder de las Farc.

El libro, que sólo será publicado después de las elecciones parlamentarias, se cierra con la larga y apasionante discusión que sostuvieron Sigifredo y Saramago en la isla de Lanzarote.

Me sorprende que Sigifredo no tenga “rayones”, ni “neura”, ni siquiera un tic. Él sonríe. “Del odio me curé una noche en el río Patía, en Nariño. Yo estaba podrido de odio. No había podido vomitar el asco de la masacre de mis compañeros. Me estaba bañando antes de acostarme porque el barro quema la piel y de pronto sentí una brisa balsámica. Primero pensé que era el roce de un verso de Aurelio Arturo. Después comprendí que fue un beso de la Virgen. El caso es que cuando salí del río, ya era otra vez yo.

La vida me ha dado una segunda oportunidad y no puedo desperdiciarla rumiando rencores. Quiero ir a cine, bailar con mi mujer, pasear con mis hijos. Y meter el hombro en este despelote, por supuesto, imaginar soluciones, armar modelos. Quiero, como decía Borges, ‘convertir el ultraje de los años en una música, un rumor y un símbolo’”.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido