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EN UN SEMINARIO DE LOGÍSTICA Y planeación al que asistí recientemente, uno de los conferencistas insistió en la importancia de las listas para controlar los procesos domésticos, empresariales o públicos.
Hay que hacer listas de todo, dijo: de los recursos, de los objetivos a alcanzar, de los problemas a superar, de los indicadores a observar y, claro, de los criterios a seguir para escoger los indicadores. Al final propuso una interesante “lista de listas”, un minucioso catálogo de todas las cosas y actividades “listables en un proceso equis”. Después de tres días de reflexión, llegamos a un listado de conclusiones sorpresivas. A continuación consigno algunas de las más importantes.
1. La velocidad con que entran cosas a una lista es siempre mayor que la velocidad de salida.
2. En una lista, cualquier ítem puede generar una nueva lista. Ejemplo: en la lista de preparativos de una boda, el ítem “invitados” hace metástasis y genera una lista de invitados (los que han pasado por estos trances saben que el nombre de un invitado puede generar, a su vez, una sublista de invitados).
3. Después de unos días nadie sabrá explicar ciertas abreviaturas de la lista. De un punto resumido como “Rat-47.000, dis. Urgente”, sólo entenderemos lo que no esté abreviado.
4. La maldición del 20/80. El 80% del presupuesto se irá en resolver el 20% de los problemas de la lista.
5. Al evacuar los puntos del orden del día de una reunión, el tiempo dedicado a un ítem siempre es inversamente proporcional a su importancia: una inversión millonaria en equipos se decide en quince minutos, mientras que la elección del diseño y los colores del uniforme de las secretarias lleva horas.
6. Los puntos de las listas tienden tercamente al desorden. Por eso es que en las listas del mercado, demos por caso, el trapeador y el insecticida siempre aparecen entre el pollo y las verduras, hecho que lo obligará a dar vueltas redundantes en el supermercado.
7. El orden de evacuación de los ítems nunca coincide con las prioridades. Esto explica por qué el “chequeo médico” se aplaza varios meses y sólo se realiza después de “latonería”, “goteras” y “CD”.
8. Cuando chulee el “último” ítem de una lista, no se relaje: las listas tienen siete vidas.
9. No importa cuánto cuidado ponga usted en la programación de un evento: un elemento clave se quedará por fuera de la lista y su falta sólo será advertida durante el desarrollo del evento.
10. No pierda tiempo en establecer el orden en que mencionará los personajes de la mesa principal: siempre incurrirá en errores de protocolo y todos, excepto el que encabeza la lista, se sentirán relegados a lugares indignos de su investidura.
11. Si usted tiene varias listas “en progreso”, en la reunión de la junta directiva le pedirán cuentas sobre la más atrasada.
12. El sueño del “listólogo” —establecer la lista de todas las listas posibles, es decir, una cuyos ítems sean víveres, herramientas, virus, planetas, pillos, reinas, polígonos regulares, piedras preciosas, catálogos, catálogo de catálogos… más todos los conjuntos homogéneos del universo, más todas las posibles combinaciones heterogéneas de estos conjuntos, más esta lista, más una lista de todas las listas, más esta nueva lista total…— es un sueño imposible.
Conclusión: Las listas nacen, crecen y se reproducen pero no mueren (Teorema de Villalobos). Una vez que usted decide elaborar un listado de asuntos pendientes, éste crecerá de manera incesante hasta que una de dos cosas suceda: usted arroja la lista a la basura en un rapto de independencia, o la conserva hasta que se convierte en un instrumento inservible y pasa a engrosar la inacabable lista de sus empresas inconclusas.