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Las tres obsesiones de Luis Gabriel Cano

José Salgar
22 de enero de 2010 – 10:15 p. m.

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AL EXTINGUIRSE LA VIDA DE LUIS GAbriel Cano, sus más cercanos amigos y compañeros de trabajo recordamos tres obsesiones que siempre lo caracterizaron: su familia, su periódico y su mar.

Fue la figura destacada con más larga vigencia en el conjunto de los Canos, como hijo y heredero de los fundadores, de sus ideales y su imprenta, y como el primero de los cuatro ases que elevaron este periódico a alturas nacionales e internacionales. Brazo a brazo estuvo con toda la familia ante el sacrificio impune de su hermano Guillermo, luego la muerte de Fidel y hace apenas veinte días la de Alfonso, que tanto nos ha impresionado.

Conocí a Luis Gabriel cuando todavía era un estudiante, iba a compenetrarse con el periódico en su sede de la Cra. 7ª en el que se anticipaban las noticias con tiza, en un tablero de escuela. El 14 de enero de 1945 hubo una reunión para celebrar su ascenso a subgerente del diario, con el grupo que lo acompañó por el resto del siglo. Con él pasamos las duras y las maduras. El 9 de abril, la muerte de Hitler, la llegada a la Luna, las primeras fotos en color, el offset, el narcoterrorismo, el camión bomba, las persecuciones y cierres. Hasta hace poco, ya en el siglo XXI, nos reuníamos a analizar el paso de la empresa de familia a un consorcio de comunicaciones con un órgano de opinión que sostiene el nombre y se acerca a la multimedia del futuro.

Esta semana he releído con interés las últimas setenta páginas del libro autobiográfico de García Márquez, Vivir para contarla, sobre su llegada al periódico en 1954. Allí relata el día en que Luis Gabriel lo sorprendió al asignarle el primer sueldo fijo de su vida, como reportero. Y más tarde, cuando le entregó un pasaje para ir a Europa en un viaje periodístico que debía ser de una semana, se volvió de tres años y fue el punto de partida hacia el Nobel.

En esa vida intensa, el mayor descanso para Luis Gabriel era su afición a los deportes náuticos. Su bote, su isla, su pesca. Murió afrontando valerosamente sus enfermedades, pero frente a su mar, el Caribe.

COLETILLA Una vida importante, altiva. De buen viento y buena mar.

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