Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
QUERIDO DON AGUSTÍN:
Donde se encuentre, le ruego que ilumine hoy a los miembros de la Sala Plena del Gimnasio Moderno, esa aula a la que Ud. le entregó su vida y en la que bajo su postulado de la disciplina de confianza graduó a tantos colombianos de bien, sobresalientes en las letras, las artes, la política o las ciencias. Sí, don Agustín, es indispensable que Ud., hoy, haga que la Sala Plena elija un Consejo Superior similar al que acaba de renunciar; uno que no se deje manipular y tome en serio su papel; uno que continúe con la tarea del anterior, de analizar la educación que hoy brinda el Gimnasio y que lo ha llevado a ocupar el puesto 197 entre los colegios cuyos alumnos presentaron el último examen del Icfes, muy por debajo de planteles que eran sus pares, como el Gimnasio Campestre (62), el San Bartolomé (105), el Gimnasio Femenino (175) y hasta el San Tarsicio (191), donde pararon tantos que perdieron año en el Moderno; un Consejo que, como el anterior, examine si su concepción de la disciplina de confianza prevalece, o si ella se ha distorsionado hasta provocar que el comportamiento de los gimnasianos suscite, por ejemplo, que Marcela Lleras, hija de ese amigo suyo, el ex presidente Alberto Lleras, escriba una columna titulada “Los Emperadorcitos”; un Consejo que analice si esa concepción se ha malogrado hasta el punto de que la tolerancia del colegio con el uso del alcohol por parte de los menores de edad, lo cual contraviene la ley, estimula el consumo de trago hasta un punto preocupante; un Consejo que, como el pasado, advierta que los estatutos del Gimnasio no se cumplen cabalmente y que ello “ha dejado la conducción de la Institución al vaivén de las subjetividades de algunos pocos protagonistas”; un Consejo que, como el último, no trague entero y descubra que datos suministrados por el rector han sido manipulados; pero un Consejo Superior que, a diferencia del anterior, dé el gran paso y, después de este experimento de casi una década, decida que llegó la hora de cambiar, y elija un rector que aplique la verdadera disciplina de confianza; que estimule el libre examen de sus políticas entre los miembros del Consejo; que no manipule hasta alejar de su camino a todo el que no esté ciento por ciento de acuerdo con sus caprichos, como ocurrió con los consejeros Luis Eduardo Nieto, Daniel Samper Ospina, Trudy Martínez de Ruiz y Mauricio Nieto, su nieto, don Agustín; un rector con el que sus descendientes se sientan identificados y puedan colaborar; un rector que, como dice nuestro himno, forme hombres que amen la constancia y el esfuerzo; que practiquen el rigor, como lo enseñaba el Prof Bein; que se enamoren de la lectura, de la investigación y del conocimiento; que sean capaces de salir bien librados en este mundo de competencia; un rector que eduque caballeros, colombianos de bien, buenos ciudadanos que se preocupen por los problemas del país y le sirvan de brújula; y no un rector que se limite a desempeñar a las mil maravillas la importante tarea de formar niños felices.
Por favor, don Agustín, escuche esta súplica de esta madre de gimnasiano que amó el Gimnasio Moderno desde cuando era una niña y Ud., en persona, la llevaba a jugar con las palomas y, en su biblioteca, le enseñaba el amor por los libros. Sí, querido maestro, atienda este ruego de esta amiga suya que lloró su muerte y, por ello, quiso que, en sus hijos, se perpetuara el espíritu del gran don Agustín Nieto Caballero.