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Varias horas después de que el sargento David Azuelo investigara un allanamiento de morada, llamaron a su escuadrón. Su equipo de policías encontró que los delincuentes registraron una casa y se llevaron a un muchacho de 14 años. Pero no era la primera vez que esta vivienda tenía problemas. Según los registros de Azuelo, en esta vivienda ya se habían presentado incidentes con una banda callejera relacionada con los carteles del narcotráfico.
El joven de 14 años fue liberado horas después ileso. Los delincuentes, según el relato de los testigos, exigieron US$10.000, pero los familiares aseguraron a los investigadores que ellos no pagaron un solo peso por el rescate.
Este tipo de situaciones es cada vez más común en los poblados limítrofes con México. Los secuestros, ajustes de cuentas y asesinatos son ahora el pan de cada día. Aunque, aclaran los oficiales, que no todos los problemas están a lo largo de la frontera.
La zona de Atlanta, por mucho tiempo un centro de transporte del comercio legítimo, ha surgido como el nuevo territorio de organización de los narcotraficantes. Los delincuentes aprovechan la red de vías rápidas de la ciudad y la oleada de inmigrantes que llegan a diario para mezclarse con ellos y crear redes de tráfico.
En agosto pasado, en uno de los casos más truculentos de esa región, la policía del condado Shelby, en Alabama, justo en las afueras de Birmingham, encontró los cadáveres degollados de cinco hombres. Se cree que los asesinaron por una deuda de 450.000 dólares que debían a otra facción de narcotraficantes en Atlanta.
La expansión de los carteles mexicanos y distribuidores de marihuana ha coincidido con que se han hecho cargo de la distribución de los carteles de Colombia. Esas organizaciones sufrieron un revés cuando las autoridades estadounidenses redujeron sus rutas comerciales en el Caribe y el sur de Florida.
Desde entonces, los colombianos han forjado alianzas con los carteles mexicanos para mover la cocaína, que aún se produce en grandes cantidades en América del Sur, pasa por México y entra a Estados Unidos.
Los mexicanos también se han hecho cargo de gran parte del negocio de las metanfetaminas, que producen en “súper laboratorios” en México. La cantidad de ellos que opera en Estados Unidos está a la baja.
La escena de la golpiza y el secuestro del jovencito en Tucson, Arizona, despertó muchas sospechas en el equipo de Azuelo y su grupo. Sus dudas aumentaron a medida que caminaron por la casa y notaron cosas que les parecieron familiares: una habitación trasera grande cuyo tamaño y cercanía a un callejón la hacían apropiada para empacar marihuana, que la esposa del hombre informó que no tenían ninguna cuenta bancaria y todo lo pagaban en efectivo, que el padre del hombre repitiera una y otra vez que su hijo “no es ningún santo”, y que hablara de su problema de adicción a medicamentos controlados. Algo común en estos casos.
Los atacantes “no eran muy sofisticados”, dijo Azuelo, pero sabían lo que podría haber en la casa. “Para mí, la pregunta es cuánto se llevaron, aunque es posible que la familia nunca lo diga”, agregó.
Según el reporte de las autoridades, se está presentando una llamada sobre este tipo de incidentes a diario. Y si el ingreso violento a una casa incluye robo, la cifra sube a tres. “Creo que esto es la punta del iceberg”, dijo el detective Kris Bollingmo.
Hillary habla de reforzar la frontera
La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, además de aceptar la corresponsabilidad en el problema del narcotráfico de su país, reconoció que la frontera es una de sus grandes preocupaciones. Boston, Billings, Montana, Atlanta, Anchorage y Phoenix, entre otras ciudades, han sentido en carne propia el coletazo de la lucha entre carteles del narcotráfico. Por eso, Clinton le insistió a las autoridades mexicanas en la necesidad de reforzar la vigilancia en la línea divisoria. La Secretaria de Estado anunció el envío de más agentes federales para que ayuden a los mexicanos en la lucha contra la delincuencia y la inmigración indocumentada.
Algunos de estos funcionarios serán emplazados entre las comunidades de la zona y otras vigilarán la frontera para controlar el tráfico de armas que ingresan a México desde Estados Unidos. Según datos de los investigadores, el 95% de las armas que usan los carteles mexicanos procede de EE.UU.