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Armados y protegidos hasta los dientes, los miembros de la Guardia Nacional venezolana rompieron candados, se movieron con sigilo y tomaron sus posiciones. Para cuando salió el sol, los puertos y aeropuertos de Maracaibo, Valencia, Puerto Cabello, Puerto La Cruz e Isla Margarita pasaron del control local al de las Fuerzas Armadas.
Horas después, el sábado en la tarde, el presidente Hugo Chávez oficializó, ante las cámaras de televisión, la toma a nombre de su gobierno. “Acabo de hablar con varios militares. Están orgullosísimos de lo que están haciendo porque saben de lo que se trata la soberanía, el poder nacional”, dijo en tono enérgico.
Las protestas de alcaldes y gobernadores opositores, que tacharon de inconstitucional la toma de puertos y aeropuertos en sus estados, no tuvieron eco en el mandatario. Él las hizo a un lado resaltando un hecho objetivo: el traspaso de autoridad en el estado Anzoátegui, donde gobierna el oficialismo, se realizó sin mayor problema.
Además, Chávez anunció que de ahora en adelante las terminales aéreas y marítimas serán controladas por el Estado, y que invertirá varios millones de dólares en su modernización.
El mandatario también tuvo tiempo de oficializar otras medidas, como subir el impuesto del IVA del 9 al 12%, un incremento del 20% en el salario mínimo (se ubicaría en $1’040.515), y descartó, para tranquilidad de los venezolanos, aumentar el precio de la gasolina.
La feria de anuncios terminó con un dato revelador: el presupuesto fiscal de la nación para este año pasará de 77.900 millones a 72.738 millones de dólares por un nuevo cálculo en el precio de venta del barril de crudo, que será de US$40. “Nadie pidió que esta crisis viniera. La crisis capitalista no va a echar abajo la revolución bolivariana”, advirtió Chávez.