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Dicen que la oportunidad la pintan calva y en este Mundial la selección de Colombia tiene al frente la gran posibilidad de arrimarse a una semifinal. Jugar contra Inglaterra en octavos es una buena ocasión para subir ese peldaño y hacer un Mundial inolvidable.
Lo primero que debe hacer la selección es olvidar los fantasmas, alejarlos, hacerles un exorcismo urgente. Que no se aparezcan por ningún lado los malos recuerdos de Japón y Senegal contra los que se jugó mal y no hubo noticias del ideario futbolístico. Esa idea de alejar los malos recuerdos debe servir para evocar los buenos y entonces tienen que acudir a la mente los gratísimos momentos vividos contra Polonia. Así de fácil, el fútbol desplegado contra Japón y Senegal no sirve, lo hecho contra Polonia es garantía de éxito.
Inglaterra juega con tres defensores centrales (Walker-Stones-McGuire) y deja gruesos agujeros negros en defensa. Los soportes defensivos de la línea de tres son los carrileros Tripper y Young, quienes bajan para hacer cinco en el fondo cuando se les ataca. Lo más importante del equipo inglés en ataque es la fase de elaboración que cumplen Dele Alli y Lingard por dentro. Con estos dos tienen que jugar Sánchez y el que seleccione, finalmente, Pékerman como complemento de La Roca. Barrios se antoja como el mas adecuado para la tarea de destrucción del circuito creativo que nutre al tremendo goleador Kane. Si se anula a Dele Alli y a Lingard, los ingleses no tienen juego exterior para surtir a sus goleadores. Hay que poner mucho cuidado en la pelota quieta pues son altos y potentes en los remates aéreos y usan todo tipo de artimañas, empujones, codazos.
Sin James en la cancha, Colombia no debe hacer un juego corto y de posesión, debería apelar al pelotazo lanzado por Juan Fernando Quintero y poner a correr a Falcao en los grandes espacios que dejan los de la línea de tres en Inglaterra . Por eso, una gran decisión es tener a Matheus como volante-extremo por la izquierda-, jugar con Muriel en el carril zurdo o sencillamente poner un delantero más para aprovechar la defensa desequilibrada de los ingleses. De esa determinación que tome el técnico nacional va a depender el estilo del juego y la propuesta de partido que quiere plantear Pékerman.
Quiero ser muy sincero y crudo en la última reflexión: no le tengo temor a Inglaterra, no lo menosprecio, no lo minimizo, pero creo que es un rival al que se le puede ganar para seguir adelante en el sueño. Le tengo temor al carácter ciclotímico del equipo colombiano que hoy puede ganarle a cualquiera y mañana puede caer también contra el que aparezca. Ese subir y bajar en la producción, esos fantasmas a los que hay que exorcizar de inmediato para continuar en Rusia.
No hay mañana, es hoy, muchachos.