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CON SU DISCRECIÓN DE SIEMPRE, Alfonso Cano Isaza se fue de este mundo en un día de soledad y silencio por falta de periódicos. En otro diciembre negro su hermano Guillermo fue sacrificado por haber dedicado su vida a combatir la maldad y defender la palabra libre.
Con el despunte del año ha crecido el duelo para acompañar a la familia Cano y se ha fortalecido la imagen de ese cuarteto que don Gabriel Cano y su esposa, doña Luz Isaza, formaron para extender el legado de aquella hoja que nació en 1887 en una humilde imprenta de Medellín. Ese “póker de ases” fue la base para el periódico que alcanzó los más altos niveles a lo largo del siglo. Fuera de Guillermo, el director martirizado, la dirección ejecutiva estuvo a cargo de Luis Gabriel, Alfonso y Fidel, que compartieron el respeto a las consignas del fundador, como aquellas de “no callar ni arrodillarse”. “No dar a los dueños del poder el lenguaje de la lisonja”. Con el tiempo, Alfonso fue sacando la garra como escritor heredero de lo mejor de su estirpe.
Hace diez años, cuando se cumplía el cambio de propiedad de esta empresa, recibí amables conceptos suyos sobre el libro Coletilla al fin de siglo, editado por la Universidad Sergio Arboleda, que me había confiado la decanatura de su Facultad de Comunicaciones. Estuvo de acuerdo con la finalidad de ese libro, que era explicar a los alumnos el fin del cuarto poder que fue dueño de la noticia impresa, para entrar al siglo de la bonanza informática, con un nuevo periodismo de multimedia. La tesis era que los nuevos magnates de la comunicación no son periodistas, pero requerirán cada vez más de la materia prima de la inteligencia de profesionales con preparación y conocimientos superiores.
Hoy, toda escuela de periodismo tiene lo último en internet o celulares que hacen instantánea y universal la noticia, pero destacan la entereza, el valor y la dignidad de aquel periodismo de familias que ha cedido su nombre y experiencias como insuperable orientador de la opinión pública en diferentes países. Allí emerge el recuerdo, cada vez más elevado y meritorio, del póker de ases.
Coletilla. Alfonso Cano Isaza, el mejor ejemplo periodístico del ayer, para los de hoy y los de mañana.