Puntos cardinales

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Propongo cuatro referentes que nos permiten entender cómo se nutre el machismo en Colombia. Pero no le otorguemos el beneficio de la sofisticación académica: se trata de actitudes ramplonas y rampantes. Criminales. Impunes. Quienes las encarnan no se molestan en disimular: cuentan con la complicidad de una sociedad hipócrita reforzada por unas instituciones —familia, Iglesia, Estado— todavía peores.

Jineth Bedoya, Claudia López, Claudia Morales y Luz Marina Bernal son puntos cardinales, guías para entender cómo operan los mecanismos de exclusión de las mujeres del debate público.

Mayo 25 de 2000. Jineth Bedoya llega a La Modelo para entrevistar a Mario Jaimes Mejía, alias Panadero, sobre el tráfico de armas y desapariciones en esa cárcel. La engaña. Entonces sucede lo que ya sabemos. Hace dos semanas, le fue concedida la libertad a Jesús Emiro Pereira, alias Huevo de Pisca, uno de los condenados por el abuso y secuestro de la periodista. Tan pronto se conoció públicamente la decisión, la Procuraduría solicitó negar la suspensión provisional de la pena. No obstante, dicho pronunciamiento no es garantía. El juez 8 de Bogotá tiene la última palabra.

Para ella hubiera sido más sencillo el silencio, primero como periodista y después como víctima, pero entendió la importancia de visibilizar la violencia de género por medio de la campaña “No es hora de callar”.

¿Por qué Bedoya insiste en incomodar?

Noviembre de 2005. En la revista Semana, Claudia López cuenta que, en 2002, una estrategia de terror adelantada por los paramilitares en algunas regiones les permitió elegir parte del Congreso. Destapa la parapolítica.

Después le da por ser senadora. Llega a perturbar el Capitolio donde nadie, jamás, había osado gritar; desde entonces, la patria serena le reclama cada vez que abre la boca. Eso sí, el senador Alfredo Ramos Maya honra la calma pública apagando el micrófono, la llama “hijueputa”, ofrece excusas. Y lo erigen como humanista.

“Gritona”, “grosera”, “bandida”, ¿por qué estorba tanto?

Enero 19 de 2018, coyuntura mundial de #MeToo. Claudia Morales publica “Una defensa del silencio”, denuncia que un exjefe suyo, “un hombre relevante en la vida nacional”, la violó. La Fiscalía abre investigación. La reacción colectiva evidencia por qué casi nadie, famoso o anónimo, se atreve a visibilizar abusos (son pocos casos, como Claudia Julieta Duque, quien denunció al exfiscal Alfonso Gómez).

¿Por qué Morales escribe la columna?

Enero 8 de 2008. Luz Marina Bernal besa por última vez a su hijo Fair Leonardo Porras. Suele trabajar en construcción, “no sabía leer ni escribir, no conocía el valor del dinero”. Desaparece. Es hallado con 13 disparos. Un fiscal notifica: “Fue dado de baja por la Brigada Móvil 15, de Ocaña, Norte de Santander”.

¿Por qué Bernal funda el colectivo Madres de Soacha, aspira al Senado y suplica por la atención de candidatos y líderes de opinión en Twitter?

Todas tienen el mismo norte: ¡evitar más impunidad!

Con disciplina se insiste en eliminar el enfoque de género de los Acuerdos, de la JEP, del debate público (la comunidad LGBTI no es el único blanco). Desorientar siempre será una gran victoria.

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