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La dignificación de la cocina o la oficina

12 de febrero de 2023 – 09:00 p. m.

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El cuidado del hogar y la labor de ser madre constituyen uno de los pilares fundamentales de la sociedad desde sus inicios hasta nuestro tiempo; de hecho, la familia ha sido considerada como la primera y más importante institución de la sociedad en la historia de la humanidad. Sin embargo, en tiempos modernos y con el desarrollo de nuevas tecnologías, políticas, ideologías y movimientos sociales, la estructura social de la familia como la conocíamos ha cambiado. En consecuencia, la mujer que ha dedicado su vida y esmero a la noble tarea del hogar y la crianza de los hijos hoy se enfrenta a una nueva realidad, en la que su labor carece de importancia por no aportar “valor” a la construcción del ámbito productivo-laboral, convirtiéndola en objeto de burla.

Pese a esto, en Argentina el 1° de diciembre de cada año es celebrado el Día de la Ama de Casa e incluso hay programas gubernamentales que jubilan y brindan prestaciones sociales a las madres que dedicaron su vida a esta labor.

Es cierto que la necesidad de dos ingresos en el hogar, un mayor acceso a la educación y los cambios sociológicos que promueven una mayor igualdad con los hombres han despertado en la mujer la necesidad y el anhelo de superación. En consecuencia, ella se incorpora a la vida laboral, dejando así el cuidado de los hijos en manos de terceros; sin embargo, su dicha no es completa, pues se deprime por el poco tiempo dedicado a sus hijos y se deprime también si abandona la oficina para dedicarse al hogar. Es que, para la sociedad moderna, si la mujer trabaja tiempo completo es “mala madre” y si es ama de casa “no tiene aspiraciones”. ¿Será que estamos juzgando sin derecho alguno la libertad de la mujer de decidir qué vida llevar?

Es cierto que muchas mujeres que terminan dejando de lado su profesión por la crianza de los hijos afectan a la empresa con la pérdida momentánea de ese talento, pero al mismo tiempo la sociedad se ve afectada en cuanto los hijos terminan siendo cuidados por terceros y no directamente por la madre como referente principal en el proceso de crianza.

Sobre este punto, el doctor James Dobson escribe: “Las responsabilidades tradicionalmente a cargo de la mujer hoy son objeto de burla y menosprecio. Mientras tanto, los niños deben ser criados y la estabilidad de la familia debe guardarse a toda costa”. La labor de criar seres humanos es quizás una de las misiones con más alto grado de responsabilidad y, por lo tanto, debería gozar de mayor estatus y prestigio, ¿pues quién más sino los seres humanos damos valor a la construcción de nuestras comunidades? Por eso la profesión del hogar y en especial el rol de madre no es algo que deba tomarse a la ligera.

Finalmente, quiero citar un fragmento de una entrevista realizada a Catalina Ruiz-Navarro, autora de Las mujeres que luchan se encuentran, que engloba perfectamente la idea de este texto: “Lo ideal sería que las amas o los amos de casa lo sean por elección, y que su trabajo sea reconocido no como un trabajo más, sino como el trabajo más importante, que es cuidar de la vida humana”. Con esto las madres hacen la mayor contribución a la sociedad dotándola de seres humanos llenos de valores y capacidades para la vida. Por esta razón, si una mujer conscientemente decide dedicarse a esto debe ser respetada y protegida legal y moralmente. Tener la libertad de escoger entre la oficina o sus hijos sin presiones sociales de ningún tipo. Al fin y al cabo ella es capaz de cuidar de su hogar y desempeñarse plenamente como una mujer profesional, seguir siendo bella, feliz e independiente.

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