
La precisión de obtener en el extranjero buena parte de los elementos para nuestra empresa y las innúmeras dificultades con que se lucha para todo negocio más allá de los mares explican la tardanza con que se publica por primera vez esta revista que, según los prospectos de ella, hemos hecho conocer profusamente dentro y fuera del país, a mediados del último año, debió comenzar su edición en agosto.
Anhelábamos, y conceptuamos haberlo conseguido, situarnos a cubierto de contingencias que nos impidan cumplir el programa que nos hemos trazado, de fundar y sostener en la República, mejorándola gradualmente, una revista gráfica semanal al estilo de las que cautivan el favor de las gentes en las principales capitales europeas y americanas, una publicación donde se registre el movimiento literario, científico, artístico, social y político de la Nación colombiana y donde quede también constancia de lo más notable e interesante que acontezca en los demás pueblos del planeta, todo con abstracción de los demás temas, que son materia de acaloradas divergencias y enconadas disputas entre los hombres, procurando siempre que el arte y el buen gusto presidan todas las páginas de la revista.
Los lectores con que ya contamos y los que a ellos se agreguen, así lo esperamos de la tenacidad de nuestro esfuerzo y de los propósitos que nos guían, serán el juez que falle sobre la bondad de nuestra labor. CROMOS procurará, semana a semana, no desmerecer el puesto en que, con el favor general, aspira a colocarse. Agradece el concurso que literatos, poetas, artistas, lectores y anunciadores le han brindado a porfía, desea para todos ventura en el año que empieza y se complace, al propio tiempo, en saludar de manera cordial a la prensa colombiana, con la cual espera trabajar sin tregua por el adelanto moral y material de la Nación, no esquivando su aplauso para todo lo útil, benéfico y provechoso.
Natural es que se adviertan lunares u omisiones en esta primeras entrega, pero no hemos vacilado en darla a la circulación tal como está, antes que retardarla más tiempo, circunstancia ésta que nos habría permitido obtener mayor perfección gráfica, pero que nos habría impedido cumplir oportunamente con nuestros favorecedores.
Ya irán notando ellos los progresos que vayamos introduciendo cada semana.
MIGUEL SANTIAGO VALENCIA
Quería viajar por el mundo y escribir. Por eso, salió primero de Popayán en 1910, rumbo a la capital y con la intención de ser periodista, el primer paso para cumplir su sueño de escritor. Tenía sólo 25 años y su ímpetu lo llevó a París, donde entre letras y bohemia se le ocurrió la idea de crear una revista. A su regreso, buscó a Abelardo Arboleda, con quien había viajado del Cauca a Bogotá, y concretaron el proyecto.
ABELARDO ARBOLEDA
Dejó Popayán con la ilusión de conquistar la capital. Tipógrafo como su padre, llegó a la capital sin un peso en el bolsillo y empezó a abrirse camino, hasta que un tiempo después convenció a su papá de abrir una imprenta. Fue allí donde se imprimieron los primeros ejemplares de una aventura periodística llamada CROMOS, que fundó en 1916 cuando tenía 35 años junto con su amigo Miguel Santiago Valencia.