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El ladrón de bicicletas

La cultura del robo está en la historia de esta ciudad, de sus famosos carteristas y en poemas como Caconia, de Hernando Martínez Rueda.

Por Carlos Vives
31 de agosto de 2016
El ladrón de bicicletas

Salimos en la bici, con mi ahijado Martín, a comprar telas para los nuevos estudios de Gaira Música Local. Nos bajamos de las bicicletas y las dejamos en  la entrada de la tienda. Saludamos a la señora que hacía el aseo y nos sumergimos en un mar de telas multicolores. Cuando salimos ya se habían llevado las bicicletas. Caminamos de regreso hasta la casa, desilusionados. Cuando llegué le conté a Claudia. Se puso furiosa porque sabe que es mi medio de transporte y, especialmente, por lo que costaba la bicicleta. Me dijo que pusiera un mensaje en Twitter, pero le dije que en Bogotá se roban cientos de bicicletas todos los días. Además, mi nueva canción se llama La bicicleta. ¿Cómo así que me la robaron? Le dije a Claudia que me iban a matonear de lo lindo en las redes, que lo olvidara. 


Regresé al estudio y al rato me llamó. Me dijo: “Pon algo en las redes, a lo mejor aparece”.  Abrí Twitter y, haciendo caso omiso a mi pálpito inicial, parodiando mi canción, escribí: “Shaki no te puedo llevar en mi bici porque me la robaron” y agregué un video en el que cerré con la famosa frase: “es que di papaya”. Me sumergí de nuevo en el estudio. Pasaron 15 minutos cuando me llamaron para decirme que “mi General” estaba en la recepción y quería verme. Bajé las escaleras y me puse firme ante “mi General” y todo su equipo. Agradecí su presencia pero le dije que no era necesario, que hiciera las cosas realmente importantes y que mi bicicleta y la de mi ahijado no eran tan importantes. En realidad, a mí se me caía la cara de la vergüenza con “mi General”.  


Ella no tenía todo el tiempo para buscar mi bicicleta y me presentó a su equipo y, entre ellos a su directora de prensa. Lo más increíble ocurrió cuando Claudia llegó con una torta y unas velitas y todos cantaban el cumpleaños feliz a “mi General”. No pude volver a trabajar y me dediqué a atender a la prensa y a contar varias veces la misma historia diciendo: “di papaya”.  Antes de acostarme, di un repaso por las principales emisoras de radio y me sorprendí  por la relevancia que se le había dado a eso del “papayaso”. La mayoría coincidía en que no se trataba de dar papaya, y que debía superarse eso de “la cultura de dar papaya”. Que yo no tenía que disculparme y que eso sencillamente no tenía por qué pasar.  Me quedé pensando que sí, que lo ideal es que no haya robos, por simple educación, por respeto al prójimo, a la propiedad privada, etc, no aceptando el robo como algo cotidiano. Históricamente sí lo hubiéramos podido evitar, si nos hubiéramos preocupado más por una mejor educación, por la propagación de los mejores valores en nuestra gente y por el desarrollo de un país con equidad. La cultura del robo está en la historia de esta ciudad, de sus famosos carteristas y en poemas como Caconia, de Hernando Martínez Rueda “Martinón”, que le leí a mi ahijado y, entre risas y llantos, aprendimos un poco más de la sicología de nuestra “Atenas” suramericana. 


PD.: Voy a estar ausente de esta columna por un tiempo, porque entro a mis cuarteles de invierno a terminar la creación y producción de mi nuevo álbum Vives. ¡Gracias nuevamente por la oportunidad.  Hasta pronto!

 

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