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¿El régimen del terror regresa?

El asesinato del neurólogo Jorge Daza Barriga encendió las alarmas sobre el poder de las mafias en Atlántico, Cesar y La Guajira.

El neurólogo Jorge Daza Barriga fue asesinado el pasado viernes 24 de enero en Barranquilla. / ‘El Tiempo’
El neurólogo Jorge Daza Barriga fue asesinado el pasado viernes 24 de enero en Barranquilla. / ‘El Tiempo’

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“¡Despierta pueblo guajiro! ¡La ignorancia es la que te tiene idealizando a los bandidos!”. Estas palabras, pronunciadas por el hijo mayor del neurólogo Jorge Daza Barriga el pasado domingo, durante el sepelio de su padre en el cementerio Jardines de la Eternidad en Barranquilla, sacuden hoy la conciencia de la región Caribe. Aunque uno de sus familiares le pidió que guardara silencio, sus reclamos con destinatario específico en una cárcel de Bogotá representan un grito de libertad contra el régimen del terror que quiere imponer en la zona el crimen organizado.

El asesinato del médico Daza Barriga, perpetrado a las 7:40 de la noche del pasado viernes 24 de enero cuando llegaba a su casa en el barrio Ciudad Jardín de Barranquilla, tiene conmocionada a la Costa Atlántica. No sólo por tratarse de un profesional que gozaba del aprecio de la gente a la que siempre brindó su carisma y conocimiento, sino porque nada tenía que ver con los conflictos del poder. Lo mataron por ser hermano del excongresista Bladimiro Cuello Daza y, aunque las autoridades nada dicen, el método utilizado habla por sí mismo.

Horas después del crimen, el vehículo Chevrolet Optra que fue utilizado se encontró incinerado al norte de la ciudad. Lo mismo que sucedió en agosto de 2011 en Riohacha, cuando fueron asesinados a tiros de fusil un asesor jurídico del Ministerio de Transporte y sus dos acompañantes. El carro Toyota apareció incinerado en una ranchería cercana. El 8 de enero de 2013 se repitió la historia, en Manaure (La Guajira) desconocidos atracaron a un grupo de funcionarios de Familias en Acción. Al día siguiente la camioneta utilizada apareció quemada.

Los rumores dicen que se trata de la ‘mano negra’ de Marcos de Jesús Figueroa, más conocido como Marquitos, un siniestro personaje de origen wayúu que después de enfrentar al mismísimo Rodrigo Tovar Pupo, alías Jorge 40, cuando el jefe paramilitar era el mandamás de la criminalidad de la región, se convirtió en todo un capo del narcotráfico, el contrabando y el asesinato. Se dice que da las órdenes desde Venezuela y que sus hombres lo protegen en Barranquilla, Santa Marta, Valledupar y Riohacha. Es tan temido como acatado.

Como en los tiempos de Pablo Escobar o Rodríguez Gacha, alias Marquitos divide opiniones. Hay quienes lo defienden y quienes conocen de qué es capaz. Se dice que comanda una temible banda criminal conocida como Los Curicheros y que parte de su poder radica en que un sector de la clase política, de la Fuerza Pública e incluso de la justicia se hacen los de la vista gorda, unos porque comparten las utilidades de su dinero sucio, otros porque prefieren sobrevivir y también porque existe una cultura de informalidad en la frontera.

Lo cierto es que según la Corporación Nuevo Arco Iris, el poder de Marquitos se hizo mayor cuando empezó a operar con el otrora poderoso Jorge Gnecco Cerchar, asesinado por Jorge 40 en tiempos de la guerra por las rutas del narcotráfico, y se terminó de acentuar cuando hizo alianza con el nuevo cacique de La Guajira, Juan Francisco Gómez Cerchar, más conocido como Kiko Gómez. Hoy este exalcalde de Barrancas y exgobernador de La Guajira está en la cárcel, pero su influencia y su poder intimidan tanto como Marquitos.

Cuando Kiko Gómez fue detenido por la Fiscalía el pasado 12 de octubre, su abogado Alfredo Montenegro señaló al excongresista Bladimiro Cuello Daza como el gestor de la campaña de desprestigio contra su cliente. El exsenador Cuello fue el rival de Kiko Gómez en la pelea por la Gobernación de La Guajira en 2011. Una confrontación política que pronto se convirtió en amenaza. El político conservador tuvo que abandonar el país, cansado de pedirles a las autoridades protección para él y su familia. Entonces mataron a su hermano.

La Fiscalía, por obvias razones, no ha querido hacer señalamientos, pero aseguró que pronto habrá capturas. La Policía se ha limitado a decir que el vehículo utilizado para el crimen de Jorge Daza fue comprado en Barranquilla por una persona de Barrancas, el fortín político de Kiko Gómez. La candidata al Congreso Claudia López no tuvo prevenciones y aseveró que el asesinato fue ordenado desde la cárcel por el gobernador y ejecutado por su cómplice Marquitos. Además insistió que la orden es silenciar a quien se atreva a denunciarlos.

La verdad es que el terror en la región Caribe parece de regreso. Como en los días en que Jorge 40 y su secuaz, Édgar Ignacio Fierro, alias Don Antonio —a punto de recobrar su libertad—, hicieron correr ríos de sangre en Atlántico y Magdalena. Lo lograron porque hubo políticos que los ampararon, jueces que los protegieron, empresarios que los patrocinaron y miembros de la Fuerza Pública que cohonestaron con su empeño criminal. Cuando asesinaron al profesor Correa de Andreis, la sociedad reaccionó, aunque ya era muy tarde.

Ahora, la víctima fue un profesional que sólo vivía para su familia y sus pacientes, y Barranquilla entera se volcó a despedirlo como si quisiera salir del asedio. ¿Podrá la justicia castigar a los asesinos y recobrar la calma en una región martirizada por los grupos criminales? El reto es tan grande como la paz que el gobierno Santos promete en la guerra del Estado contra las Farc. Pronto estarán en la calle muchos paramilitares presos y las bandas criminales podrían fortalecerse. La amenaza está clara. El Caribe debe despertar.

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