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Bélgica

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Mediante un cazador de talentos, empresas dedicada a la búsqueda de personal altamente calificado, la Federación de Fútbol de Bélgica reclutó, en su momento, a Roberto Martínez como nuevo director técnico de la selección nacional, para reemplazar a Marc Wilmots, en 2016.

Martínez, exjugador catalán, nacido en Lérida y uno de los primeros españoles que llegó a Inglaterra para aprovechar las ventajas de la Ley Bosman, pasó de la cancha al puesto de técnico y sirvió al Swansea, Wigan y terminó en Everton, donde hizo dos temporadas notables.

Bob, como le llaman los conocidos, tiene la difícil misión de amalgamar el gran talento y el amor por la pelota con la ley del resultado de una de las mejores generaciones de jugadores que han producido los diablos rojos. Algunos, inclusive, llegan a comparar esta camada con la de Scifo, Ceulemans, Van den Bergh, Van Moer, que brilló en el Mundial de México 86 y en el de Italia 90. Iluminaron, pero no ganaron nada. Se quedaron en chispazos que nunca levantaron una copa.

Martínez defiende el talento individual de sus jugadores y admite que no le gustan los clichés tácticos, por eso prefiere tener mas futbolistas en campo enemigo que montar severos dispositivos defensivos que anulan las intenciones atacantes de un equipo que hoy lleva dos victorias en el Mundial y viene desplegando una saludable ráfaga de fútbol ofensivo, de la mano de auténticos talentos.

“De Bruyne juega, Eden acompaña y Romelu golea”, dicen los aficionados a los diablos rojos que por primera vez en su vida creen que Bélgica, quinta en el escalafón Fifa, tiene realmente posibilidades de llegar a una final.

Goleadores en sus primeras salida, los belgas tendrán mañana ante Inglaterra una auténtica prueba de fuego para poder medir su real potencial. Túnez y Panamá no son rivales para un examen a fondo.

A la selección belga le critican su defensa de tres, muy supeditada al retroceso de Meunier y Yannick Carrasco para formar el bloque de cinco. Cuando los dos extremos no alcanzan posiciones defensivas quedan muy expuestos los centrales con problemas en la cobertura de espacios. Además, la ausencia de Kompany y Vermaelen, titulares, ha obligado a Martínez a experimentos defensivos.

A partir de allí, Bélgica es eficaz, brillante y contundente. De Bruyne viene haciendo un Mundial sensacional, lanzado desde el mediocampo, un poco aprovechando la visión de Guardiola en el City, mientras que Hazard reclama sus galones de crack al que el fútbol defensivo de Conte en Chelsea tiene cercenado. Y Lukaku es una tromba goleadora, aprovechando el exquisito servicio puerta a puerta de sus talentosos armadores.

La ilusión belga está edificada sobre sólidos pivotes, pero Kane y compañía pueden desmontar el sueño de una Bélgica campeona.

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