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Brevemente, el petróleo Brent (de referencia para Colombia) estuvo cerca de los USD 120 por barril este lunes. Con esta marca, el crudo voló todos los valores registrados desde la pandemia, básicamente, y superó el 50 % de incremento en poco más de una semana. Los mercados cerraron con un precio de USD 98,96 por barril de Brent (aumento del 6,76 %).
Todo esto impulsado por el panorama de la guerra en Irán, que de entrada era malo, pero en este punto no parece tener una solución medianamente rápida (y ni hablar de satisfactoria, claro). Con la elección de un nuevo ayatolá, Mojtaba Jamenei, Irán duplicó un poco su apuesta: hijo del líder supremo asesinado y, según los primeros reportes, con profundos nexos con el aparato militar y de seguridad iraní. No un moderado, sino un activo participante del ala más dura de un aparato estatal con pocas esquinas suaves.
Los problemas con el petróleo van acompañados de miedo y caídas en bolsas, porque una prolongación de las hostilidades en Oriente Medio tiene el enorme potencial de destrozar las bases sobre las que se sostiene el aprovisionamiento de petróleo y gas para buena parte de Asia, principalmente.
En países como Vietnam e India había estaciones de gasolina cerradas y llamados de algunas autoridades locales a racionalizar su uso ante una posible escasez por cuenta de la violencia en Oriente Medio.
Con la caída de esa ficha de dominó vendrían varias otras, pues al final de cuentas no hay un andamiaje secundario de suficiente envergadura para reemplazar los 20 millones de barriles que pasan por el estrecho de Ormuz cada día.
Ministros de finanzas del G7 se reunieron de emergencia este lunes para considerar, entre otros asuntos, la liberación de reservas nacionales de petróleo, aunque al final desistieron de tomar este paso. Pero que el tema haya estado sobre la mesa manda un mal mensaje.
¿A qué le pega un mayor precio en el petróleo?
El primer renglón es el del precio de los combustibles. En Estados Unidos, por ejemplo, la gasolina ya ha subido 16 % frente a las cifras anteriores al comienzo de los bombardeos contra Irán.
En Colombia, los precios nacionales de la gasolina corriente hoy se encuentran COP 750 por debajo de la referencia internacional, lo que quiere decir que volvimos a subsidiar el galón con cargo al infame Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC).
Para marzo, el costo de este subsidio (junto con el del diésel, que es mucho más grave, llegando a unos COP 8.300 por galón) sobrepasará los COP 1,2 billones, de acuerdo con Julio César Vera, presidente de Xua Energy.
En el siguiente orden de afectaciones se encuentra el transporte, al ser el sector más intensivo en consumo de energía en general y de combustibles en particular. Por ejemplo, en EE. UU. se calcula que cerca del 70 % del consumo nacional de petróleo se localiza en las actividades de transporte y logística, según la Administración de Información de la Energía de ese país.
Y por este lado, aparte del transporte de pasajeros, se pueden comenzar a sumar alzas a dos manos, pues al final de cuentas, mayores costos en combustibles tienen el potencial de encarecer todo tipo de bienes, desde alimentos hasta manufacturas de todo tipo. En Colombia, por ejemplo, gremios estiman que cerca del 60 % del costo de la comida corresponde a la movilización de esta (aunque estos cálculos han sido disputados por el Ministerio de Hacienda, vale aclarar).
Antes de seguir, hay que aclarar que los incrementos en el petróleo no se traducen en alzas inmediatas porque, al final de cuentas, toda la cadena de producción de una diversidad global de industrias tiene particularidades de producción y distribución que pueden ralentizar o acelerar la transferencia de esas alzas al resto del andamiaje.
Por eso, el tiempo que se mantengan los problemas en Ormuz y la incertidumbre general en Oriente Medio y sobre los países del golfo Pérsico (que agrupa a algunos de los mayores productores de crudo y gas del mundo) será la variable determinante en la ecuación que va definiendo los precios del petróleo.
Con estos puntos sobre el tablero también hay que hablar del gas, pues no solo es vital para el engranaje energético (en Colombia, por ejemplo, alimenta las plantas térmicas de generación de electricidad), sino que también es la base para la fabricación de fertilizantes y otros insumos vitales para el agro a nivel global.
Por ejemplo, en fertilizantes ricos en nitrógeno, una de las materias primas fundamentales es el gas natural, así como para la producción de sulfuro es clave la refinación de crudo.
“Colombia perdió su autosuficiencia en gas desde finales de 2024. En 2025 importó cerca del 17 % de la demanda nacional, y en lo corrido de 2026 ha importado el 19 %. Aunque el país no importa gas directamente desde esa zona, el mercado del gas natural licuado (GNL) es global, cuya oferta, principalmente, proviene en un 22 % de EE. UU., 19 % de Australia y 18 % de Catar”, explica Frank Pearl, presidente de la Asociación Colombiana de Petróleo y Gas (ACP).
Y añadió: “Cuando aumenta el riesgo geopolítico, se incrementan las primas de riesgo, lo que puede impactar el costo del gas importado, especialmente en compras de corto plazo”.
Más allá de estos renglones, el crudo es fundamental para un amplio abanico de industrias, que van desde la infraestructura (la fabricación de asfalto, por ejemplo), pasando por el maquillaje, hasta los plásticos (desde bolsas hasta las suelas de algunos zapatos).
Sobre el cierre de la Bolsa de Nueva York, Donald Trump dijo en una entrevista con la cadena CBS que la guerra contra Irán está “casi terminada”, lo que permitió que la bolsa cerrara con buenos números. Pero solo el tiempo dirá si fue una declaración más o si, en efecto, se traduce en el cierre de violencia en Oriente Medio y de volatilidad en los mercados.
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