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INOCENTES SOMOS MUCHOS Y DE distinta manera. Unos, nos hacemos los inocentes; otros, lo somos realmente, e ingenuos y otros somos tenidos por inocentes, sin serlo, por nuestra inconfundible cara de bobos.
Para meterle política y política internacional al tema, veamos el caso de quien es novato en el Ministerio de Defensa, don Gabriel Silva, extrañamente trasplantado del café a controlar los ejércitos de tierra, mar y aire, ahora enfrentados a las amenazas de un conflicto exterior.
Por inocente e ingenuo tomaron a Silva Luján los enemigos del país hermano de Venezuela. “Es un retrasado mental” se le ocurrió espetarle como apelativo el dictador, siempre zafado en palabras (“Ladrón de cuatro esquinas” llamó al presidente del Perú; “Al Capone”, al de Colombia; “lacayo”, al presidente Fox, cuando estaba en ejercicio; “diablo” al de Estados Unidos).
Es ahora divertido que “el retrasado” del café se le haya vuelto general y nunca tan bien dicho. Aunque ha sido criticado internamente por su última salida, a este columnista le pareció genial que el ministro contestara con un toque satírico la denuncia de Chávez sobre supuestos aviones espías colombianos.
Que el dictador había confundido el trineo de Papá Noel con un avión espía, dijo Silva y enfureció a los hermanos separados, quiero decir a su odioso gobierno, olvidado de los improperios que esgrime a cada paso el dictador en contra de Colombia y de su gente. Al protestar el vicepresidente venezolano contra Silva, sencillamente se hace el inocente.
Inocente y algo ingenuo me ha parecido el candidato del liberalismo, don Rafael Pardo, gran señor, al buscar alianzas imposibles. Con Vargas Lleras no podría ser, ya que éste es impaciente aspirante al poder y lo tiene por cuna; al invitar al Polo Democrático también se peca de inocencia política, ya que éste tiene temas insalvables (TLC, presencia norteamericana en bases ), que impedirían cualquier acuerdo.
Por inocentona fue tomada Colombia, en cuanto país, al pensar que se nos amedrentaba con armamentos sofisticados y grandes sumas invertidas en Rusia para proveerse de ellos. Sin esfuerzo mayor y sin gastar en armas, Colombia exhibe la amistad con Estados Unidos como algo que bien puede disuadir a los agresivos vecinos, dispuestos a imponer un estilo político y un liderazgo inaceptable en Latinoamérica.
Inocentes fingimos serlo cuando usamos el consabido “Yo no fui” en cualquier ocasión, como lo hace ahora el mismo Chávez, al considerarse alarmado por las respuestas, en todo caso moderadas, del vocero colombiano, “general” Silva Luján.