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La lucha sindical en Colombia se ha topado con muchos obstáculos a lo largo de su historia y los futbolistas no han estado exentos de enfrentarse a condiciones laborales injustas. Desde 2004 existe la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro) con el propósito de que los jugadores y su oficio sean tratados con dignidad por parte de los distintos actores que administran esta disciplina en el país.
Este sindicato nació como una iniciativa de Luis Alberto García, quien en 2003 sufrió una grave lesión en su rodilla. Por ese entonces jugaba para Santa Fe, que en esa época no le pagaba los aportes a la seguridad social, por lo que quedó en una situación de vulnerabilidad. Para que nadie más pasara por eso, e inspirado por organizaciones que vio en Argentina y Uruguay que tenían como bandera la protección de los futbolistas, el bogotano buscó crear algo similar en nuestro país.
García fue asesorado por el argentino Carlos Pandolfi, ídolo cardenal en los 70, y buscó el apoyo de Iván Ramiro Córdoba, entonces capitán de la selección de Colombia, quien se unió al proyecto. Poco a poco se sumaron más referentes del momento, además del abogado Carlos González Puche, quien había sido futbolista en los 80. Ya en marzo de 2004 Acolfutpro tuvo su puntapié inicial.
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Desde entonces, la Asociación ha cosechado varios triunfos en la protección de los futbolistas colombianos. Este 2023 no ha sido la excepción y entre lo más destacado está su reconocimiento oficial como sindicato por parte del Ministerio de Trabajo, que le da una base más sólida para emprender sus diálogos con la Dimayor y la Federación Colombiana de Fútbol (FCF).
Las victorias
“Decían que no podían negociar con nosotros porque no éramos sindicato. Tenemos el registro sindical desde el 2 de mayo. Si ese era un pretexto, ya quedó resuelto”, subraya González Puche, director ejecutivo de Acolfutpro.
Otra victoria de este año han sido los avances en la negociación colectiva con la FCF y la Dimayor. Desde enero se han reunido y han contado con el acompañemiento de representantes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la FIFA y el MinTrabajo. Que todos estén más cerca es un gran paso, pero todavía hay un camino largo por recorrer para llegar a acuerdos.
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Esas negociaciones tienen como base el pliego de peticiones que más de 1.100 futbolistas firmaron en 2019. Entre el listado de exigencias están la reducción del calendario, la concertación del Estatuto del Jugador, la participación sobre los derechos de televisión y una mayor inversión en el fútbol femenino.

Este último es uno de los retos más grandes, pues en el caso de muchas de las futbolistas de nuestro país, solo reciben un salario por cuatro meses, que es el tiempo que dura la Liga BetPlay Femenina.
Cabe recordar que este año la Superintendencia de Industria y Comercio abrió una investigación contra la FCF y la Dimayor por supuestamente haber desarrollado un sistema orientado a obstaculizar la promoción y el desarrollo del fútbol profesional femenino en el país.
“Son mujeres que reciben en su mayoría un salario mínimo, pero no lo hacen desde junio. Es injusto. Eso hay que cambiarlo”, subraya González Puche. Desde la pandemia del covid-19, todos los jugadores profesionales, de las ramas femenina y masculina, reciben un bono cada diciembre de parte de Acolfutpro.
Más allá de las canchas
La carrera de un futbolista es relativamente corta. La mayoría son profesionales entre los 19 y 36 años. En ese sentido es importante un horizonte paralelo antes de colgar los guayos.
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Por eso, y gracias a la virtualidad, Acolfutpro tiene subsidios de un salario y medio mínimo legal por semestre para que los jugadores estudien. Hay convenios con instituciones educativas y la Asociación revisa para estar al tanto de los auxilios económicos que otorga. Por ejemplo, Ramiro Sánchez, portero del Unión Magdalena, está terminando su carrera en psicología gracias a ese beneficio.
Los profesionales en actividad también cuentan con un seguro de vida o de lesiones permanentes por $150 millones. Asimismo, se les ofrece asesoría jurídica para que hagan valer sus derechos.
Para estar en el sindicato los futbolistas realizan un pago anual que varía entre 100.000 y 400.000 pesos. La mayor parte de los recursos de Acolfutpro provienen de Conmebol, FIPpro -la organización mundial que representa a los futbolistas y otros inversores privados.
La nueva casa
El pasado jueves 14 de diciembre el sindicato inauguró su sede deportiva en Palmira, Valle del Cauca. El recinto lleva el nombre de Iván Ramiro Córdoba. Cuenta con campos de fútbol, camerinos, gimnasio, piscina de recuperación, salón de conferencias y zona BBQ. Ese municipio fue escogido porque Cali es una de las dos ciudades con más futbolistas sin contrato en el país; la otra es Medellín.
Una vez estuvo lista la cancha, equipos como Millonarios y Real Santander pidieron prestado el lugar para entrenar. “Es una sede con todas las de la ley, con todos los chécheres”, destaca González Puche, quien espera que el espacio no lo aprovechen solo los futbolistas que son agentes libres, sino que también ve una oportunidad ahí de crear proyectos con jóvenes talentos en colaboración con las administraciones locales.
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