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La tranquilidad de la noche del domingo fue rota por una fuerte explosión en el edificio de la Armada en Bissau. Una bomba había sido lanzada contra el lugar en donde se encontraba el máximo responsable del Ejército del país, el general Batista Tagmé Na Wai. Su muerte fue instantánea así como la reacción de sus seguidores, que no dudaron un segundo en señalar al autor del atentado: el presidente Joao Bernardo Vieira, con quien el general tenía una difícil relación y grandes rivalidades.
De inmediato, un grupo de militares leales a Tagmé Na Wai planeó la venganza. En la madrugada del lunes atacarían por sorpresa la residencial presidencial. Pero cuando llegaron el plan fue abortado. El presidente Vieira intentaba escapar de la ciudad y en su huida fue asesinado a tiros. La mañana en la capital de Guinea Bissau comenzó con disparos y enfrentamientos en las calles de la ciudad. El caos se apoderó del país.
Aunque voceros presidenciales aseguraron que los tiros que mataron al primer mandatario llegaron de parte de desconocidos, portavoces militares responsabilizaron del atentado contra Na Wai al propio Presidente y también reconocieron que Vieira fue asesinado por soldados leales al general fallecido. La enemistad entre los dos funcionarios de Guinea Bissau era conocida.
Na Wai denunció en enero pasado a la guardia del presidente de esta ex colonia portuguesa de haber atentado contra su vida al abrir fuego contra su vehículo en momentos cuando pasaba frente al Palacio Presidencial. Por su parte, el 23 de noviembre de 2008, un grupo de militares atacó durante la noche la residencia del jefe de Estado, incidente en el que murieron dos personas.
El presidente Vieira, electricista de profesión, ocupó durante casi 23 años el poder en Guinea Bissau. En 1999 sufrió un golpe de Estado, en el que participó Na Wai, que lo obligó a quedarse durante seis años en Portugal. Sin embargo, en 2005 regresó al país y ganó las elecciones. Desde entonces había estado al frente de los destinos de este país, uno de los más pobres de África. Desde su independencia de Portugal, en 1974, Guinea Bissau ha sufrido una serie de golpes de Estado y enfrentamientos entre facciones rivales del Ejército.
Según periodistas del país, Naciones Unidas había denunciado que Bissau se estaba convirtiendo en la puerta de entrada de la droga suramericana a Europa y que altos cargos del Estado estaban involucrados en el negocio ilícito. Los comunicadores no se atrevieron a señalar que los dos altos mandos asesinados tuvieran nexos con los narcotraficantes, pero sí confirmaron que los carteles de la droga procedentes de Suramérica, especialmente de Colombia, permearon todas las instituciones del Estado.
La Unión Africana y la Unión Europea le pidieron a las autoridades del país mantener el orden constitucional, cuya presidencia debe ser asumida por el presidente del Senado, Raimundo Preira, hasta la celebración de elecciones, que según la ley serán convocadas en un plazo de tres meses.
El lunes en la noche ya no se escuchaban disparos en la ciudad. Los lujosos carros que circulan por las empobrecidas calles del país no aparecieron. Tampoco los narcotraficantes que se pasean orondos en la ciudad. Según testigos, los militares cortaron el paso en buena parte del centro de Bissau con numerosos controles.
Este parece ser el capítulo final de una dura guerra entre el gobierno y el ejército, que critica duramente la forma como se ha asumido la lucha contra las drogas en el país.