Publicidad

Torpeza guerrillera

Ernesto Yamhure
23 de diciembre de 2009 – 10:30 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

PARECÍA QUE ESTA IBA A SER UNA NAvidad tranquila y sin contratiempos mayores. Ya nos habíamos acostumbrado a la vida sosegada y ajena a las angustias que producían los golpes terroristas de la plaga guerrillera.

El viernes de la semana pasada comenzó a desmoronarse la ilusión. A eso de las diez de la mañana, en un paraje rural de Carmen del Darién, aparecieron los cuerpos de Manuel Moya Lara, Graciano Blandón y el de su hijo de escasos 19 años.

La noche anterior, un comando de terroristas del frente 34 de las Farc los habían secuestrado. Ellos sabían que en cualquier momento iban a ser asesinados por la verticalidad con la que defendían sus derechos y las de 231 familias que reclamaban las tierras en las riberas de los ríos Curvaradó y Jiguamiandó. Años atrás habían sido despojados y desplazados por la guerrilla. Su obsesión era la de recuperar lo que les correspondía.

Guillermo Mendoza, Fiscal General, ha dicho que llevará la investigación hasta las últimas consecuencias. De ser así, por fin descubriremos el grado de infiltración guerrillera en el Chocó. Más de uno debe estar angustiado. Moya y Blandón, en múltiples oportunidades, habían elevado serias denuncias contra la ONG canadiense Brigadas Internacionales de Paz. Asimismo, el cura Javier Giraldo y su célebre Comisión Intereclesial de Justicia y Paz fueron objeto de múltiples señalamientos por parte de los líderes masacrados la semana pasada.

Desde hace cinco años, Moya y Blandón le habían pedido a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos medidas de protección, las cuales les fueron negadas pocas horas antes de ser asesinados.

Todos esos elementos deberán ser tenidos en cuenta en la investigación porque la muerte de estos dos héroes que tuvieron el valor de hacerles frente a las barbaridades de la guerrilla y de sus áulicos, no puede quedar impune.

Pero las Farc parece que no tienen límites. El horrendo asesinato del gobernador del Caquetá demuestra el grado de descomposición al que llegó esa banda de sanguinarios. El fundamentalista Alfonso Cano cree que con ese tipo de acciones va a amedrentar a una sociedad casada de por vida con la seguridad democrática. Ese bandido tendrá que matar a cuarenta millones de colombianos antes de ganar la partida y no lo logrará.

Masacres como las del Chocó de la semana pasada y el asesinato del gobernador caqueteño generan un efecto de cohesión impresionante. Las Farc son una organización infinitamente torpe que padece la más abrumadora miopía política. Sus cabecillas creen que a punta de terrorismo van a lograr que el país se desmoralice y vuelva por los senderos del diálogo y del despeje. Se equivocan portentosamente.

Mientras la guerrilla intenta “regalarnos” una Navidad sangrienta, llama poderosamente mi atención el silencio de algunos que posan de gestores de paz y de defensores de los derechos humanos. ¿Dónde estará la honorable senadora Piedad Córdoba? ¿Alguien le habrá informado de la masacre de los líderes negros a quien ella supuestamente representa y defiende? Hasta el momento de escribir esta columna la locuaz parlamentaria estaba calladita como un Cartujo y que me disculpen los discípulos de San Bruno por la comparación.

 * * *

No puedo cerrar sin desearles una feliz Navidad, sobre todo a los terroristas que semanalmente me amenazan y, por supuesto, al grupo de 7 mamertos que utilizan diferentes nicknames para firmar las imbecilidades que escriben en el foro de esta columna. Ruego para que algún día tengan el coraje de escribir con sus nombres reales.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido