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Navidad y sueños

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LA TRADICIÓN DE LA NAVIDAD NOS lleva siempre a reflexionar y generalmente a pedir y a soñar para que las cosas sean mejores. Y aunque también hay mucho que agradecer, creo que muchos coincidiremos en algunas aspiraciones que, de realizarse, nos caerían muy bien.

Paz, prosperidad y tranquilidad para todos. Y es que, aunque suene retórico, necesitamos menos violencia, más crecimiento y empleo, y, sobre todo, mayor inversión social. Para lograrlo nos hace falta más tolerancia, valor que sin duda ayuda a generar mejores condiciones de convivencia y facilita el entendimiento.

Para nuestros gobernantes creo necesaria mayor cabeza fría en el manejo de Venezuela, pues estamos en frente de una persona temperamental que sufre de incontinencia verbal; lo que no sabemos es si es capaz de pasar del dicho al hecho y, si como advirtió nuestro Ministro de Defensa, este país no está preparado para un ataque, la situación se complica y nuestra posición estratégica es débil. Ojalá de nuestro lado seamos muy prudentes para no provocar al monstruo de al lado.

Para el presidente Uribe muchas gotas, de esas que ayudan a la tranquilidad y al equilibrio, y buenas dosis de meditación para que no emprenda más peleas de esas que rompen la institucionalidad como la que durante este año que termina sostuvo con la Corte; para que tampoco se perpetúe en el poder y nos someta a cuatro años más de su mandato, haciendo de Colombia un país que, como nuestros vecinos, desconoce la tradición democrática y la necesidad de dar paso a nuevas generaciones.

Como consecuencia de lo anterior, merecemos unas elecciones transparentes y en paz que den como resultado un buen mandatario capaz de continuar todo aquello que merece ser conservado y darle nuevos bríos a aquello que requiere iniciativas frescas; que el Congreso sea uno, trabajador y renovado, que no brille por el ausentismo y que finalmente gobiernen los mejores.

Castigo para los delincuentes y libertad para los secuestrados, y un apoyo para que a Piedad le permitan ser un puente para la liberación que ya no da más espera.

A los entes de control más atención y mejor criterio en la vigilancia de los procesos de contratación para evitar demandas millonarias por fallas de funcionarios que están afectando el erario. Bien decía el Contralor de la necesidad de crear una Defensoría de los Intereses de la Nación para que vele en una forma más sistemática por el patrimonio y los intereses de nuestra patria; ojalá esta buena y necesaria idea sea una realidad.

A los particulares también les caería bien una dosis de buena fe y de transparencia, sobre todo cuando se relacionan con el Estado, pues en muchas ocasiones son sus propias conductas las que enlodan los procesos.

Y, finalmente, que a todos y cada uno se les hagan realidad sus propios sueños.

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