Nadie aprende de la historia

Arturo Guerrero
21 de junio de 2018 – 09:00 p. m.

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Ni la derecha ni la izquierda política parecen aprender de la historia. No solo de la historia colombiana sino de la mundial. Los primeros saben mucho de métodos y patrañas para conservar y aumentar su poder. Los segundos, de puños erguidos y protestas para sacudirse de encima la opresión.

¿Qué ha sido de la historia, con las mañas de este par de contendores? Una sarta de guerras, una pesadilla de cabezas mochadas.

A medida que ruedan los acontecimientos, en cada facción se perfecciona el matadero. Del lado de los potentados, la última modificación se llama neoliberalismo. Exprimen el limón del pueblo para beberse la agónica gota y secar de sed a las mayorías.

Del lado de los condenados de la tierra, el procedimiento defensivo es más antiguo. Se puede concentrar en tres palabras: lucha de clases. A mediados del XIX fue Carlos Marx quien lo proveyó de teoría, sustento y táctica.

Polemizó ásperamente con quienes propulsaban la fraternidad entre patronos y obreros. Convenció a millones de que la pugna entre estos dos sectores es irreconciliable. Por lo tanto, concluyó, la solución es la destrucción de uno de los dos. Así se elevaron guerra, revolución y violencia a categoría de mandatos de liberación.

Los propulsores del neoliberalismo, por su parte, se inventaron la teoría del vaso lleno que al llenarse se derrama y calma la sequedad popular. Por supuesto, el vaso lleno representa la riqueza siempre acumulada por los propietarios. Por supuesto, el vaso nunca se llena porque sus paredes crecen tanto como el miedo y la avidez de estos.

Así las cosas, se han sucedido regímenes oprobiosos, dictaduras proletarias, democracias de papel, populismos limosneros, revoluciones con paredones o hambrunas, escabrosos mandatos militares. El mundo es un tropel.

Luego de la Guerra Fría, de la caída sorpresiva de la Cortina de Hierro, de la extenuación de las guerrillas, de la infatigable acumulación de dinerales en bolsillos contados, del estrago del planeta, hay que declarar suficiente ilustración sobre el descalabro del neoliberalismo y de la lucha de clases. 

Colombia se parece al mundo. Desde que es república es degolladero. Las facciones del capital y de la revuelta no han cesado de clavarse los colmillos. De milagro caminamos, de milagro nos juntamos para tener hijos.

El panorama inminente está plagado de trampas. Los dueños legales e ilegales acaban de alzarse con las riendas de esta finca que bien saben cabestrear para engordar sus barrigas optimistas. Dicen que bajarán salarios, apretarán impuestos a los millones y los rebajarán a los pocos, subirán los años ancianos de la pensión. Torearán al pueblo. No aprenden.

Del otro lado, el adalid llama a la resistencia. Resistencia puede ser aguante o rebelión. Se sabe que el cauce irá en el sentido de rebelión: movilización callejera, proclama áspera en curules y balcones, lenguaje de vinagre en redes sociales, irritación de la atmósfera pública. Torpedearán puentes con los potentados. No aprenden.

arturoguerreror@gmail.com

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