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Defender la JEP
Algo tan preciado y urgente para cualquier país del mundo, como lo es la paz, no debería siquiera ser objeto de controversia para ser promovida y avalada. La JEP es una derivada sustancial de los acuerdos que por más de cinco años fueron pensados, reflexionados y deliberados por un equipo de intelectuales, políticos y actores del conflicto que se consagraron en el ejercicio de dejar lo mejor de sí para encontrar una salida decorosa y benéfica para todos los implicados y, ante todo, para el país.
Esto da la medida de la magnitud de su trascendencia y es por esta razón que es absurdo y casi abusivo que en este momento, después de un proceso y unos resultados tan valiosos y demostrables, pretendan acabar con una de las más grandes conquistas y sin duda uno de los más grandes tesoros que logró legarnos este proceso que se firmó, se pactó, se consignó y que ahora intereses particulares por sobre el bien común quieren acabar.
Inadmisible desde todo punto de vista. ¡Hay que respetar los acuerdos! ¡Hay que defender la JEP! Se debe agilizar al máximo su reglamentación, en un gesto lógico y de altura, como corresponde a esta responsabilidad histórica a la que no se le puede fallar.
Hasta el momento, todos los argumentos con los que han querido hundirla no son más que falacias con las que pretenden crear una falsa imagen de supuesta ilegalidad y de riesgo, cuando el verdadero peligro está justamente en lo contrario.
Martha Cáceres. Docente.
Sobre un editorial
Estoy en desacuerdo con el análisis en el editorial sobre el asesinato de Paola Melissa Aguirre Valderrama, cuando expresa lo siguiente: “El ente investigador debería estar hablando de una discriminación más profunda, de una cultura que les dice a los hombres que las mujeres son objetos de su propiedad. Esa es la raíz de los feminicidios, esa idea perversa de que se puede disponer de la vida de una mujer si ella no quiere ser como el hombre espera que sea. Este es un delito de odio”.
Creo que las raíces de este fenómeno no se remiten solamente a la guerra de géneros que algunas personas se empeñan en argumentar y que, por el contrario, creo, profundizan más el problema porque están creando una división y una rivalidad entre seres que deben ser complementarios. El problema radica en la justicia legalista colombiana, que no permite castigar ejemplarmente a quien comete asesinato, independientemente de quien sea asesinado. Como aclaración, cuando una persona asesina a otra considera que tiene el poder para hacerlo.
Jairo Arturo Avendaño Jiménez.
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