Sirirí

La caucanización del Valle

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Tal como lo advertimos hace varios años, los movimientos indígenas del Cauca, hoy enseñoreados en el norte de este departamento, han ido extendiendo lenta e imperceptiblemente sus tentáculos, ya no en el límite con el Valle del Cauca, sino también en las tierras survallecaucanas.

Lo que hace tiempos se creía un imposible es hoy una penosa realidad que ya comenzó a hacer estragos en municipios como Jamundí, Florida y regiones aledañas en donde paralelamente han crecido geométricamente los cultivos de coca y marihuana.

Y no es una coincidencia: se sabe que hay una alianza entre los indígenas y los narcocultivadores, que trabajan en llave. Los unos con sus banderas de “recuperar” las tierras que, según dicen, les fueron despojadas y los otros siembre que siembre hectáreas y más hectáreas en un perverso contubernio que tiene en jaque a las autoridades de cada uno de estos departamentos.

Lo vimos en las pasadas elecciones en las que los azuzadores y promotores de las invasiones y los despojos resultaron victoriosos, campanazo de alerta para la propiedad privada que está siendo amenazada y cuyos propietarios están, y con razón, exigiéndole al Estado que haga respetar sus derechos.

Urge una tarea mancomunada entre el Cauca y el Valle que vaya más allá de las declaraciones protocolarias. Se necesitan acciones conjuntas y concretas y un replanteamiento social del papel que deben jugar las empresas y los empresarios, privados a los que les están respirando en la nuca.

El problema indígena del Cauca, que ya traspasó el puente limítrofe Guillermo León Valencia, debe ser prioridad de este nuevo gobierno con más soluciones concretas y reales y menos promesas incumplidas.

No es atrevido afirmar que ante esta situación el sur del departamento del Valle debe poner sus barbas en remojo. Hay señales inequívocas, como son los secuestros exprés, los asesinatos de personas lugareñas, los boleteos y mucha “gente rara”, como dicen en los pueblos.

Se habla incluso de la presencia ya del nefasto y temido cartel de Sinaloa, que está manejando los hilos de este negocio que —repito— se vale de los indígenas, a los que pedalean, utilizan y manipulan.

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