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En ellas se podía ver a hombres atados de pies y manos amenazados por perros; también a soldados —como la tristemente célebre Lyndie England riendo al lado de cuerpos desnudos amontonados—; o presos vestidos de mujer, una de las más grandes humillaciones para los iraquíes…
Estas imágenes se convirtieron en el testimonio del horror que se vivía en la prisión iraquí de Abu Ghraib, lugar que ya guardaba entre sus rejas varias historias de dolor y muerte sucedidas en la época del régimen de Sadam Hussein. Por eso el lugar fue cerrado. Todos los presos fueron trasladados a diferentes centros de detención, creados por las fuerzas estadounidenses en Bagdad.
Ayer la tristemente célebre prisión reabrió sus puertas. Bajo las promesas de cuidar los derechos humanos y borrar el oscuro pasado, las autoridades iraquíes presentaron el lugar renovado. Ahora cuenta con un cuarto de costura, sala de ejercicios, computadoras, una biblioteca, áreas recreativas al aire libre, viveros y una peluquería.
“El primer paso fue cambiar el nombre”, dijo Mohammed al-Zeidi, director adjunto del Departamento de Rehabilitación Iraquí. Ahora se llama Cárcel Central de Bagdad. Abdul-Mutalb Jassim, director general, dijo que unos 400 reclusos fueron transferidos a la prisión. Se esperan otros 3.000 y su capacidad total ronda entre 12.000 y 15.000.
Las autoridades justificaron su decisión de reabrir la prisión porque necesitaban el espacio en momentos en que los militares estadounidenses transfieren a los iraquíes unos 15.000 detenidos según un nuevo pacto de seguridad que entró en vigencia el 1° de enero.