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El ministro del Interior, Ziad Barudi, anunció el 11 de febrero pasado que cualquier libanés puede elegir que no se mencione su relación en la ficha de estado civil, una medida que sigue a la supresión del credo en los carnés de identidad. "Se trata de una buena acción, pero insuficiente ya que el cambio es cosmético", afirmó a Efe Nadim Houry, portavoz de Human Rights Watch.
Matrimonio, divorcio y herencia están regidos por los tribunales religiosos en el Líbano, un mosaico de 18 comunidades, mientras que el poder está dividido entre cristianos y musulmanes a partes iguales, y para cualquier formalidad administrativa se necesita mencionar la religión.
El presidente Elias Haraui, durante su mandato (1989-1998), trató de establecer el matrimonio civil, pero una ola de protestas por parte de los dignatarios religiosos, que hicieron presión sobre los políticos, echó al agua dicho proyecto.
Sin embargo, el Líbano reconoce los matrimonios civiles contraídos en el extranjero y para los cuales se aplica la ley del Estado donde tuvo lugar, aunque, cuando nacen los hijos, tienen que volver al sistema interno ya que deben inscribirlos en el registro civil según la religión del padre.
Esto no impide que muchos libaneses adopten el matrimonio civil en el extranjero, en especial en Chipre, sobre todo cuando se trata de parejas mixtas, cuyos enlaces son rechazados por sus padres y parte de la sociedad.
Sabah, una joven chií cuyos padres rechazaban su matrimonio con un cristiano a pesar de que llevaban siete años como novios, decidió viajar a Chipre para casarse después de sacar poco a poco sus pertenencias de su casa y llevarlas a su trabajo, donde sus compañeras la ayudaban.
"No estoy arrepentida. Quieren impedir los matrimonios mixtos para continuar dominándonos y que se pueda establecer un Estado de derecho", dijo a Efe Sabah. Al final, sus padres aceptaron su matrimonio.
Esta suerte no la tuvo Zena, una suní, cuya familia no le perdonó haberse casado con un cristiano. Hasta hoy no le hablan, y ni siquiera han conocido a sus dos hijos.
"Es demasiado triste. Espero que algún día se den cuenta de su error, y si no lo hacen por mí al menos que lo hagan por mis hijos", se lamenta Zena.
Los matrimonios mixtos constituyen uno de los escollos a los que se enfrenta la sociedad a pesar de que muchos libaneses cambian de religión por motivos personales u otros.
Entre los católicos no es extraño verlos adoptar el rito ortodoxo para volver a casarse ya que entre los primeros no hay divorcio religioso, que sí existe, en determinadas condiciones, para los ortodoxos.
Además, entre los musulmanes, suníes y chiíes, también hay cambios de credo por motivos de herencia u otros. En ambos ritos, la mujer hereda la mitad de la parte del hombre, pero el problema se presenta cuando una pareja no tiene hijos varones.
Al morir el cónyuge y si las hijas son menores de edad, los suníes tienen que nombrar un tutor, en general el tío o algún otro pariente cercano, pero esto ha dado pie a que hayan abusos ya que estos se quedan para los suyos con una parte de la herencia, mientras que entre los chiíes las mujeres pueden heredar.
Por eso, muchos suníes se convierten al chiísmo para que a sus hijas no se las prive de sus bienes, aunque las mujeres del primer rito pueden poner en su contrato de matrimonio sus exigencias, tal como la posibilidad para el divorcio, mientras que la segundas no pueden hacerlo.
Las leyes religiosas musulmanas impiden además que una persona de otra religión herede, y por ello muchas extranjeras se ven obligadas a casarse por el rito de su esposo para poder tener derecho a lo que le corresponde.
Por estas razones, activistas de derechos humanos creen que la decisión tomada por el ministro Barudi es un paso importante, pero no suficiente.
"Se trata de una importante decisión simbólica (…), pero debe ser seguida de otras y se debe establecer un código civil para todos y sin discriminación entre las personas", sostiene el portavoz de Human Rights Watch.
Houry pone como ejemplo el hecho de que si una persona desea presentarse a las elecciones, sin que se tome en cuenta su credo religioso, debe tener que plegarse al sistema actual, ya que los escaños de las circunscripciones electorales están repartidos por religión.
El miembro de la ONG dijo que el Gobierno de Beirut tiene que avanzar en la secularización de la sociedad, incluyendo el establecimiento del matrimonio civil.
Para la socióloga Yunan Ugarit, que milita desde hace años por el establecimiento del matrimonio civil, la decisión del ministro es un "pequeño paso positivo".
"Se trata de una flor en un campo de división y conflicto confesional. El ambiente político es decepcionante en el país y los discursos sectarios", agregó Ugarit.