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“Hay mucha desconfianza frente al proceso de paz”: alcalde de Viotá

Héctor Jorge Cante es además víctima de las Farc, que asesinó a su padre y a tres hermanos. En entrevista con El Espectador, dice que está dispuesto a perdonar pero si hay justicia.

Héctor Cante fue elegido alcalde de Viotá por una coalición entre el Centro Democrático y Opción Ciudadana. / Óscar Pérez
Héctor Cante fue elegido alcalde de Viotá por una coalición entre el Centro Democrático y Opción Ciudadana. / Óscar Pérez

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Con algo más de 13.900 habitantes, en el municipio de Viotá (Cundinamarca), más de la mitad, unos 7.600, son víctimas de la violencia. Cuna del Partido Comunista hace más de 50 años y refugio en los años 60 de Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo, luego del ataque a Marquetalia, Viotá padeció en los años 90 y a comienzos del nuevo siglo la presencia del Frente 42 de esa guerrilla y luego la llegada de las Autodefensas Campesinas del Casanare.

Unos y otros dejaron un lastre de violencia que hoy sus pobladores quieren dejar atrás, en medio de las dudas por un proceso de paz que aún ven lejano e incierto. De hecho, su actual alcalde, Héctor Jorge Cante, elegido por una coalición entre el Centro Democrático y Opción Ciudadana, sufrió el asesinato de su padre y de tres hermanos, por parte de las Farc. En diálogo con El Espectador, el burgomaestre habla de la paz que sueñan en su municipio.

¿Qué balance hace tras estos primeros cuatro meses de mandato?

Hemos estado mirando un poco el gobierno anterior, que administrativamente dejó muy mal al municipio. Estamos en la elaboración del plan de desarrollo con cuatro prioridades: primero la seguridad, luego el tema social, vías y educación, que es lo que más pidió la comunidad en las mesas de trabajo. Viotá no cuenta con una universidad y los jóvenes tienen que irse a otros municipios o hacia Bogotá para poder estudiar. Y también está lo que tiene que ver con el transporte escolar, pues somos un municipio muy rural, con 57 veredas, y los colegios quedan muy apartados.

¿Por qué la primera prioridad es la seguridad, cómo está el municipio hoy en ese sentido?

Nosotros hemos sido uno de los más golpeados en el país por la violencia. Sin embargo, hoy en día está muy tranquilo. Hay algo de microtráfico y delincuencia común, más no tenemos presencia de las llamadas bacrim.

Más de la mitad de los habitantes de Viotá son víctimas del conflicto, ¿cómo visualiza el posconflicto?

Creo que por haber padecido los horrores de la guerra y que hoy en día no es así, de cierta manera ya estamos viviendo el posconflicto. Pero seguimos esperando las decisiones que se tomen allá en La Habana, porque son temas que se han manejado muy en secreto y todavía no sabemos en realidad en qué va a consistir. Todo lo que se tiene son suposiciones y a lo que le apuntamos es que haya un resarcimiento de esa violencia, que implicó para Viotá un atraso de unos 15 años o más frente a otros municipios, por ejemplo, en temas de infraestructura. Otro aspecto clave es que a raíz de tanta población víctima, esperamos un apoyo en lo psicológico para poder superar los dolores de la guerra.

Es decir, sin apoyo e inversión en lo local y lo regional no puede haber paz…

Claro, eso es fundamental. Si no hay inversión va a suceder lo del pasado con la guerrilla y los paramilitares: el campesino va a seguir siendo pobre y sus hijos van a estar a merced ahora de las bacrim. Somos un municipio netamente agrario y aquí el campo ha estado históricamente descuidado. Hoy en día trabajar en el campo no sirve y nuestros campesinos prefieren irse para la capital a emplearse en cualquier cosa, buscando algún sustento mensual. Aquí no hay buenas carreteras para poder desarrollar todo el tema agrario.

¿Ha hecho falta pedagogía sobre los acuerdos de paz?

Puede que haya hecho falta pedagogía, pero creo que también hay mucha desconfianza. Nosotros vivimos el tema de la guerrilla y sabemos cómo actúa. Por eso no es fácil para la gente de Viotá decir que estamos a puertas de recibir la paz. Nosotros perdimos familiares, somos víctimas directas del conflicto. La verdad es que ese proceso de paz todavía lo vemos lejano. Otra cosa que genera desconfianza, independientemente de razones políticas, es si en realidad las Farc van a comprometerse en resarcir el daño que hicieron. ¿Cómo va a ser eso? Lo que se ve por ahora es que los colombianos vamos a perdonarlas, pero ¿y ellas qué? Eso no se sabe por el momento

Mucho se habla de que tendremos que tragarnos muchos sapos en aras de la paz, ¿hasta qué punto están dispuestos a hacerlo?

Es difícil y más siendo alcalde de un municipio como Viotá, que ha vivido en carne propia la violencia y donde yo mismo he sido víctima. Las Farc mataron a mi papá y a tres hermanos. Hemos visto el reclutamiento forzado, las extorsiones, los secuestros, el sicariato. Es muy difícil. Por eso es que digo que en el posconflicto tiene que haber un tema social y psicológico bastante grande para que realmente las personas podamos asociarnos al perdón y tragarnos ese sapo que dicen tocará hacer por la paz.

¿Y usted está dispuesto a perdonar?

Estaría dispuesto a hacerlo siempre y cuando haya también algún castigo para la guerrilla. No puede ser que hayan asesinado a nuestras familia y que no cuenten la verdad de lo que pasó. Todos esperamos que el proceso de paz no sea impunidad solo por firmar un acuerdo, sin ningún castigo.

¿Se refiere a que haya cárcel?

Puede ser, pero no que simplemente vayan a salir a hacer política después de haber hecho tanto daño. Debe haber alguna fórmula para que uno como víctima no sienta que no va a haber justicia. Si no hay justicia es muy difícil que uno perdone. Ella es necesaria para conseguir la verdadera paz, y no se trata de venganza, lo que nosotros hemos esperado siempre es que la justicia actúe. En el caso de mi familia, sobre la muerte de mi padre y mis tres hermanos, no sabemos nada, si hay condenados o algún proceso en la Fiscalía. Mi papá fue asesinado en 1995 y no hay nada. Uno espera que el Estado esté del lado de quienes hemos respetado la Constitución.

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¿Cree que una paz mal hecha puede engendrar nuevas violencias?

Es claro que el que la guerrilla deje de asesinar, secuestrar y extorsionar es bueno para el país. Pero sí hay un capítulo anterior que se debe cerrar para que la paz llegue de verdad y eso todavía no lo tenemos claro. El riesgo es que esas nuevas violencias pueden darse porque puede quedar un resentimiento con el mismo Estado. A pesar de que no se trate de empuñar armas o hacer cosas ilícitas, puede quedar un sinsabor en el corazón con un país que no nos ha respetado como víctimas.

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