Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Lo esperaban en diciembre. Estaba invitado a un foro en Caracas, en el que debió acompañar a Vaclav Havel, aquel hombre que convirtió a Checoslovaquia en República Checa. Pero la silla de Lech Walesa, ex presidente de Polonia durante esos fervorosos años de transformación, había quedado vacía. El ex Premio Nobel, conocido crítico del presidente Hugo Chávez, canceló su asistencia al foro universitario aduciendo razones de seguridad. Pero los estudiantes insistieron. Y lograron que Walesa diera el sí, y anunciara de nuevo su viaje a Caracas, para debatir sobre comunismos y liberalismos, democracias y autoritarismos, en la víspera de un referendo que aprobaría la reelección indefinida en Venezuela.Al presidente Hugo Chávez la idea no le hizo gracia. La llegada de Walesa era una intrusión política que el gobierno bolivariano no podía permitir. “Venezuela", dijo en una entrevista a un canal estatal, "estaba obligada a hacer respetar su dignidad”. Walesa podía opinar lo que quisiera, “donde le diera la gana, más allá de la frontera venezolana, pero aquí adentro no”. Y repitió: “No”.Y Walesa no llegó.Había sido un mes turbulento para los líderes estudiantiles de decenas de universidades venezolanas, que desde diciembre coordinaban una campaña de movilización masiva para reiterar el rechazo a la propuesta de enmienda constitucional.Reuniéndose en los foros estudiantiles, circulando información en internet, y enviándose mensajes de texto por celulares, con la palabra mágica “pásalo”, le achicaban ventaja a la campaña oficialista por el Sí, que invadía los canales y medios gubernamentales.En la última semana, sin embargo, el incidente con Walesa, y la negativa de las autoridades de un distrito de Caracas a que los estudiantes cerraran la campaña por el No, el viernes 13 de febrero, a lo largo de la simbólica avenida Simón Bolívar, alimentó los argumentos de los estudiantes: el país se transformaba, día tras día, en uno donde la disidencia era ahogada con disimulo, “y donde a uno lo persiguen por pensar diferente”.Así lo expresó Rafael Bello, estudiante de ingeniería de la Universidad Católica de Caracas, y quien se encarga del soporte técnico de un movimiento que cuenta hoy con 40 mil miembros en todo el país y que pronto cumplirá dos años, cuando en marzo se conmemoren dos años del cierre de la cadena de televisión privada RCTV.“Fue el lunes siguiente a la suspensión de la cadena, a comienzos de 2007, que la universidad amaneció cerrada”, recuerda Bello. Fueron los estudiantes. “Nos dimos cuenta de que el cierre del canal era la primera amenaza creíble a la libertad de expresión en este país”. Empezó entonces una serie de reuniones y salidas a la calle, desorganizadas y espontáneas, que irían adquiriendo forma, cada vez más concisa y visible, en la medida en que su presidente daba pasos para garantizar la pervivencia de su revolución.Para diciembre de 2007, cuando Chávez ponía a prueba su paquete de enmiendas constitucionales –con reelección incluida–, el movimiento estudiantil ya tenía forma y rostro. Habían creado un Parlamento Nacional Estudiantil, página de internet, reuniones regionales, y salían de nuevo a la calle, obcecados por demostrar su independencia de los partidos, e insistentes en que la lucha no podía ser violenta.“Tenían una comunicación muy potente. Eran propuestas muy creativas, frescas, distintas. Y eventualmente se convirtieron en referente político, en el único segmento de la población que puede ser escuchada por chavistas y no chavistas”, reflexiona Luis Vicente León, director de la firma encuestadora Datanálisis, cuyas investigaciones revelan que un 80% de los venezolanos confían hoy en el movimiento estudiantil. “Es porque no están comprometidos”, explica, “no tienen rabo de paja, y de manera muy fresca luchan por defender sus derechos. La gente los entiende, los respeta y los escucha”.Táctica y estrategiaDurante los múltiples y masivos discursos que ha dado Hugo Chávez en esta corta y eufórica carrera para la aprobación de la reelección indefinida, el teniente coronel ha proferido contra los estudiantes, como nunca antes, adjetivos y sustantivos que sólo le tenía reservados a sus peores enemigos. Les ha dicho burgueses y cómplices del “imperio”, y ordenó a las autoridades “echarles gas del bueno y meterlos presos”, mientras que instó a sus seguidores a salir a la calle “y defender la patria de los incendiarios”.Hace dos años, no les hubiera prestado tanta atención. Pero las conquistas de los últimos meses se han convertido en una amenaza real para el chavismo.A finales de 2007, el paquete de enmiendas constitucionales fue rechazado por 50,7% de los votantes venezolanos. Fue la primera gran derrota del proyecto bolivariano, y un mensaje claro para los estudiantes, que los partidos políticos de oposición en Venezuela no habían querido entender.La lección se puso a prueba en las elecciones de noviembre de 2008. Mientras que en años anteriores la oposición le había dicho a sus seguidores “no voten”, los estudiantes hicieron lo contrario. No era cuestión de llamarlo dictador, de irse del país, de deslegitimar sus instituciones: “Era un llamado a votar, un voto masivo; que la gente se involucrara en la elección de sus autoridades más cercanas; queríamos que salieran a conocerlos, a observar sus propuestas, a verlos debatir”, recuerda Rafael Bello.Puerta a puerta, los cada vez más numerosos voluntarios universitarios cumplieron su tarea; las elecciones regionales de 2008, por lo general poco concurridas, resultaron en una victoria dividida, con la oposición ocupando importantes bastiones urbanos como la alcaldía de Caracas y la gobernación de Zulia y Maracaibo; y el oficialismo llevándose la mayoría de los estados. Pero el gran triunfo para los estudiantes no fue ni lo uno, ni lo otro; fueron los 2,6 millones más de votantes que salieron a las urnas. “Hasta aquí llegamos”, pensaron. Pero 15 días después, Chávez lanzó la propuesta de reelección indefinida y aseguró que habría “Chávez hasta el 2049”.“Cuando existe la posibilidad de que una persona que ya ha gobernado diez años y aún le quedan cuatro pueda perpetuarse en el poder, es sencillamente muy probable que se corrompa. Por eso en 2007 los venezolanos nos expresamos en contra de la reelección”, decía esta semana desde Caracas David Smolasnky, consejero universitario de la Universidad Católica Andrés Bello, y uno de los rostros más visibles del movimiento.Por eso salieron de nuevo a marchar. Y haciendo uso de la maquinaria de movilización de la oposición, salieron a las calles de las principales ciudades del país con un lema en común: “No es no”.Marcharon desde mediados de diciembre, se enfrentaron en varias ocasiones con la policía y recibieron el gas del bueno que les habían prometido. En un par de ocasiones les encontraron bombas molotov. Y mientras el Gobierno insistía en que eran criminales, ellos denunciaban un montaje. Lo suyo es la “no violencia”, como lo dice Smolansky ”el elemento vital del movimiento: seguir a Luther King, a Gandhi”.¿Eran de algunos estudiantes las molotov halladas? Es difícil determinarlo en un momento de tanta agitación electoral. Y antes de involucrarse en un debate bizantino, el movimiento prefirió seguir con lo suyo: llamó a la gente a votar, a velar por la transparencia del proceso, y a enarbolar como bandera, un fragmento de la carta de Bolívar al Congreso de Angostura que el chavismo afirma, está fuera de contexto: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer el poder largo tiempo en un mismo ciudadano ”.