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La “nueva” España

Hugo Sabogal
12 de diciembre de 2009 – 01:33 a. m.

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Los vinos de la Península Ibérica cuentan con una tradición milenaria. Más allá de las regiones productoras conocidas, como La Rioja, la Ribera del Duero, el Priorat, este país cuenta con más de 52 denominaciones de origen.

La elaboración de vinos en España es una de las más antiguas del mundo. Los cálculos más conservadores hablan de más de 3.000 años de historia, frente a los 8.000 que tiene el descubrimiento de la bebida.

¿Pero cómo llegó el vino a la Península? Las razones fueron eminentemente económicas. Por aquel entonces, España (Spanne, o planicie entre montañas) era el último flanco occidental conocido por el hombre. Más allá del Estrecho de Gibraltar sólo había una inmensa, enigmática e inexplorada masa de agua.

Entre los enclaves más destacados de aquella época estaban Xera, la actual Jerez de la Frontera, establecida por los fenicios como zona productora de vinos y olivos. A Jerez se le sigue admirando por la elaboración de vinos licorosos, tanto secos como dulces. Quizás el período más importante del contorno ibérico se alcanzó durante la romanización europea.

Todo esto tiene la trascendencia de que los viñateros españoles pueden, sin temor a objeciones, reclamar el derecho a apoyarse en su tradición milenaria como la base esencial para hacer productos memorables. Hoy, España mira de tú a tú a los más reconocidos vinos franceses e italianos. Quizás para los americanos el territorio vitivinícola más familiar y conocido es el de La Rioja, en el norte del país. De allí proceden marcas y etiquetas que han consagrado a España como uno los grandes en el orbe.

En años más recientes han surgido otros polos, como la histórica zona de Ribera del Duero, sur de La Rioja, en Castilla y León. Al especializarse en vinos más frutados y frescos —frente a los sobreañejados caldos riojanos—, Ribera del Duero fue una de las primeras denominaciones en adaptarse al nuevo gusto del consumidor contemporáneo. Los tradicionales se distinguían por su largo paso por barricas de roble, lo que terminaba aportándoles a los vinos un gusto balsámico.

Hoy por hoy, Ribera del Duero produce algunos de los ejemplares más reconocidos y costosos de España, como por ejemplo los elaborados por bodegas como Emilio Moro, Pago de los Capellanes, Hacienda Monasterio, Celeste (del grupo catalán de Miguel Torres) y Félix Callejo. Aunque Ribera del Duero, al igual que La Rioja, tiene en el Tempranillo la base de sus vinos, ha incorporado variedades de origen francés como Merlot y Cabernet Sauvignon.

Otro gran foco productor de tintos de alto reconocimiento es el Priorat o Priorato, en Cataluña. En los últimos años, los productores de este lugar han comenzado a distinguirse por sus vinos concentrados y elegantes, elaborados a partir de uvas autóctonas como Cariñena y Garnacha, mezcladas con Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah, que marcan una diferencia notoria frente a los demás vinos españoles. Hoy, al Priorato se le mira como la tercera gran alternativa de la Península en materia de vinos tintos de gran renombre (y, por supuesto, de alto precio). Pero la España contemporánea del vino (con 52 denominaciones de origen autorizadas) es más que La Rioja, Ribera del Duero y Priorato. Nuevos nombres han comenzado a surgir en el horizonte, como Toro, Jumilla y Bierzo.

Toro está ubicada en el extremo occidental de Castilla y León y encierra en su marco geográfico a históricas ciudades como Salamanca, León, Ávila, Zamora, Segovia, Burgos y Valladolid. Se encuentra a menos de 40 kilómetros de la frontera con Portugal.

La base de los vinos de Toro es también la variedad Tempranillo, sólo que allí se le denomina Tinto o Tinta de Toro. Aunque la denominación de origen fue creada oficialmente en 1987, Toro fue, desde el siglo XI, admirada por sus vinos entre el clero y las familias reales de España. Entre los nombres de bodegas a tener en cuenta están Numanthia-Termes. Lo más destacable de la zona es que ha atraído a algunos de los nombres más calientes del ambiente internacional del vino, como los franceses Jean & François Lurton —asesorados por el enólogo también francés Michele Rolland—, quienes producen un bien calificado vino tinto llamado Campo Elíseo. Otro nuevo productor es Mariano García, propietario de la marca Aalto, en Ribera del Duero. En Toro, García produce un notable tinto bajo la marca Bodegas y Viñedos Maurodos San Román. Igualmente, el gran inversionista vitivinícola francés Bernard Magrez elabora el tinto Paciencia, de la mano del enólogo Rolland.

La murciana Jumilla, situada en la zona suroriental del país —y que antes se dedicaba a la elaboración de vinos a granel—, es una de las más recientes denominaciones de origen en alta estima. Su gran atributo es haber extraído lo mejor de la variedad tinta Monastrell, conocida en Francia como Mourvédre. Entre los grandes vinos de Jumilla están El Nido, Clío, Bodegas Luzón, Finca de la Ermita y Mähler-Besser.

Bierzo, en el extremo noroccidental de León, es una zona que ha comenzado a llamar la atención por sus vinos tintos con toques silvestres. Los caldos de Bierzo son menos densos, pero no por ello menos expresivos. Los más destacados incluyen a bodegas como Descendientes de J. Palacios, un proyecto de Álvaro Palacios, uno de los grandes artífices de los vinos del Priorato.

Esta “Nueva España”, pues, no defraudará a los consumidores que buscan no sólo novedad, sino vinos que se comporten como las grandes marcas peninsulares de siempre. La posibilidad de una decepción es casi nula.

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