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LA DECLARACIÓN QUE ESTA SEMANA hizo el Ministro del Interior y todavía de Justicia, Dr. Valencia Cossio, en el sentido de que el Gobierno piensa proponer el regreso a los concejales sin sueldo, debió sorprender, sin causarles ninguna gracia, a los miles de candidatos que hoy están en campaña para su elección o reelección.
Vivimos en un mundo distinto al de esa capital colombiana con menos de cuatrocientos mil habitantes, que se daba el lujo de tener un Concejo Municipal integrado por profesionales o ciudadanos eminentes elegidos por sus méritos, no tenían sueldo y cumplían su compromiso de asistir a las sesiones como un alto honor de servicio cívico. Concejos de aquella época fueron declarados admirables y ejemplo para el resto del país. La voracidad llegó con las reformas constitucionales y los micos colgados a pupitrazos de cualquier ley.
Suena raro que se hable de servicios cívicos gratuitos, frente a ejemplos de espanto que se escuchan a toda hora. En Venezuela se habla de la bolsa negra de petrodólares de que dispone su presidente para comprar la adhesión de otros países a su delirante obsesión de nuevo Bolívar suramericano. En Colombia basta mirar la suerte que corren auxilios y asignaciones para el bien común que se esfuman en manos de jefes y grupos sin escrúpulos.
El ideal del concejal sin sueldo debiera tenerse en cuenta ante la elección cercana de nuevo Cabildo del Distrito Especial y de ediles sectoriales. Si bien en 2009 en Bogotá y otras ciudades se destacaron concejales con sueldo ganado con cumplimiento y corrección, hubo deplorables casos de concejales en la cárcel o de pastores de las llamadas iglesias de garaje que abusaron de la confianza de sus incautos fieles.
Coletilla. Colgar algún mico para la selección de los mejores y más desinteresados.