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El acuerdo según ‘The Economist’

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LA PRESTIGIOSA REVISTA THE Economist publicó la semana anterior un artículo sobre el acuerdo de cooperación en defensa entre Colombia y Estados Unidos. Estoy seguro de que no investigaron suficiente.

No fue Colombia la que pidió el acuerdo, quien primero habla del tema es Estados Unidos a raíz de su salida de Manta. Colombia desde el principio no acepta la idea de bases extranjeras en su territorio, y al contrario en función de los intereses comunes de lucha contra el terrorismo y el narcotráfico sugiere que cualquier avance en la relación se haga en el marco de la cooperación existente a lo largo de la década anterior, y por ello fueron necesarias varias rondas de negociación. Si bien es cierto el acuerdo crea mecanismos de cooperación que permiten acceso a logística y equipos en la medida en que se requiera, en ningún caso se delega la defensa que le corresponde a nuestras Fuerzas Armadas. Las discusiones comienzan en la administración Bush, pero la negociación y las decisiones se hacen en la administración Obama.

Sugerir que el acuerdo es un favor a Colombia, es desconocer cómo funciona la lógica de intereses de la política exterior americana. Aunque no han hecho una defensa pública del acuerdo, se sabe que los Secretarios de Defensa y de Estado escribieron una carta conjunta a sus homólogos de Unasur en defensa del acuerdo. Y se dice que el Departamento de Estado ha incluido el tema en sus reuniones con otros gobiernos de la región, incluso que están pensando en acuerdos similares con otros países.

Puede haber alguna diferencia de opiniones con Brasil frente al acuerdo pero no distanciamiento. Es positivo para la región que Brasil se esté proyectando al mundo como una potencia emergente. Pero su deseo de mostrarse como potencia, por ejemplo, ha llevado al presidente Lula a recibir al mandatario de Irán como una señal de distancia frente a Estados Unidos. Así que el acuerdo en sí mismo no es el problema, sino es el proceso de maduración y dilemas que tiene Brasil frente al papel que quiere tener como potencia en la región. En cualquier caso, no sería apropiado para Colombia como nación soberana pedir permiso para sus decisiones o que nos pongan en el dilema de escoger amigos como en la época de la Guerra Fría. Por otra parte, no creo que el acuerdo haya generado ningún distanciamiento con Chile. Lo que sí fue un error fue la manera como se comunicó el acuerdo al público inclusive sin haber sido firmado. Primero, porque se generó la idea equivocada de que al único que le interesaba el acuerdo era a Colombia. Segundo, porque el presidente Chávez se aprovecho y lo utilizó como excusa para justificar sus acciones.

Sin embargo, lo que distancia al presidente Chávez (no a Venezuela) de Colombia es la decisión de considerar a las Farc y al Eln como aliados en su proyecto político regional. No es sino ver esta semana las declaraciones de la coordinadora continental “bolivariana”. Y francamente es mejor que ahora lo haga de frente, y no con abrazos, mientras por detrás utiliza su aparato de inteligencia para proveer apoyo al terrorismo como lo venía haciendo. Lo que seguramente debe preocupar al presidente Chávez es el error que ha cometido al permitir nexos con el narcotráfico. No perder de vista que los anuncios de utilizar la fuerza contra Colombia, las adquisiciones de equipos, los cierres inusitados de la frontera, y la retención de divisas a empresarios no comienzan a raíz del acuerdo, sino mucho antes.

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