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DOS HECHOS NUEVOS ILUSTRAN LAS diferencias de enfoque crecientes entre los gobiernos Uribe y Obama en temas relevantes para Colombia.
El primero es la confirmación de que la iniciativa del acuerdo para las bases militares no fue de Obama, sino del Gobierno Uribe. En The Economist, funcionarios estadounidenses revelan que “han debido pensar en la respuesta regional a un acuerdo que ahora dicen no era necesario y que fue elaborado por insistencia colombiana”. Y agregan que “el deseo de Colombia de jugar al efecto disuasivo del Acuerdo se devolvió en contra. Los funcionarios aceptan que se equivocaron no consultando antes con los vecinos”.
El segundo hecho es la nueva política norteamericana frente a Afganistán. En apariencia es más de lo mismo, pero no es así. En un aparte del discurso sobre el aumento de tropas, Obama dice que no va a “fijar metas que van más allá de nuestra responsabilidad, nuestras posibilidades y nuestros intereses”. Peter Beinart, profesor de periodismo y ciencia política de la City University de Nueva York y asociado de la Fundación Nueva América, sostiene que esas palabras quieren decir que “si Estados Unidos no puede derrotar todos los movimientos y regímenes que apoyan el terrorismo, no tiene por qué hacerlo, pues la mayoría de ellos no están cometiendo terrorismo en contra nuestra”. Beinart plantea que ese es un giro grande en la política de seguridad estadounidense, porque Bush nunca habló de límites; por el contrario, todos los terroristas eran iguales y tanto ellos como los gobiernos que los apoyaban debían ser combatidos hasta el final.
Sostiene que Obama quiere traducir en virtud las limitaciones del poder estadounidense, atacando los enemigos inminentes y tolerando a quienes no lo son. En Afganistán los norteamericanos van con todo tras Al Qaeda, pero saldrán en 2011 aun si los talibanes persisten, porque éstos no son una amenaza directa contra Estados Unidos. Según Beinart, Obama considera que el gran error de Bush fue ampliar la guerra a todos los terroristas, pues la hizo inganable y graduó a todas las organizaciones y gobiernos rebeldes de enemigos a muerte de Estados Unidos. Que como Nixon en su tiempo con China y la Unión Soviética, Obama busca dividir a los enemigos para apaciguarlos, en este caso a Al Qaeda y los talibanes, Irán y Siria, Hezbolá y Hamas. Podrían agregarse a la lista Chávez y Farc.
Estas explicaciones facilitan la comprensión de por qué la sintonía antiterrorista con Estados Unidos se agotó y por qué el intento por reafianzar las relaciones jugando la carta venezolana no está funcionando. También muestran que el único aspecto que puede mantener el interés norteamericano en Colombia en el futuro es el narcotráfico, porque aunque en Estados Unidos también este tema está evolucionando hacia una política menos represiva, aún es un problema de seguridad nacional. Pero por ultraderechista, también en este asunto la política exterior colombiana va en contravía de la realidad geopolítica del momento, negando la diferencia entre países consumidores y productores, y haciendo énfasis en la represión al consumo interno. Pronto las circunstancias obligarán al Gobierno Uribe a parar de jugar a la geopolítica y dedicarse al tema trascendental de la política exterior colombiana: el combate del narcotráfico.