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Dejar los tobillos en el África puede ser tan delicado como desafiar la ley de la gravedad porque caminar por tierras que abren mundos de ilusión, hace que los sueños sean posibles y el futuro casi impredecible. Las imposibilidades suelen estar más cerca de los pensamientos que de la realidad.
Por eso al diluir las fronteras entre lo posible y lo ficticio, resulta fascinante recorrer los circuitos de una espalda o las respiraciones profundas con la cabeza al revés pero se hace mucho más atractivo imaginar la invisibilidad en un instante o el desplazamiento más allá de la velocidad de la luz. Poderes y efectos mágicos que promueven una imaginación activa y hacen del mundo concreto un aburrido juego de niños.
Desde siempre, ha sido seductor la posibilidad de un vuelo mágico con las técnicas de una simple respiración conciente. Antiquísima conexión de la conciencia humana con el cosmos, del mundo onírico con lo real y del cuerpo con el espíritu, el vuelo ha sido la experiencia ansiada de un contacto con la posibilidad de lo imposible. Vuelos reales, vuelos imaginados, vuelos soñados no son el monopolio de soberanos ni poderosos. Pertenecen al mundo de los sabios, los magos y las hechiceras donde las técnicas secretas se transmiten de voz en voz. Vuelos de placer y de éxtasis; vuelos de poder y de diferenciación; vuelos como ritos de paso, vuelos como cruce de destinos, volar es más que un sueño arcaico hecho realidad. Volar es la liberación de cualquier espíritu que se declara ave.
Con o sin técnica, cierto o incierto, real o imaginado, idea o práctica, el vuelo es el símbolo de un ser humano que se ve a sí mismo fuera de las leyes del espacio y del tiempo, un ser humano que transciende y que imagina otros mundos mejores, un ser humano que no renuncia a su éxtasis para comprender y mutar desde sus condiciones más primarias. El vuelo es el itinerario hacia un estado de conciencia ampliado que fusiona lo cotidiano con la maestría de lo imposible.
Merlín, el emperador Chou y otros chamanes, brujas, místicos y yoguis, hacen del ascenso o del volar, la sabiduría, el arte y la magia. Por eso, sin descuidar la magnificiencia de toda rutina y atando los tobillos a las raíces, el vuelo mágico será siempre ese poder de otra dimensión que seduce y que libera.