Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Seguro que conocen la historia: Rom Houben es belga, tiene 46 años y lleva 23 en estado vegetativo tras un accidente de tránsito.
Hasta hace tres años se creía que Houben estaba en coma, pero gracias a los avances de la neurología y la medicina diagnóstica ahora se sospecha que está despierto y consciente. Es más: se supone que, gracias a la ayuda de un teclado, Houben puede comunicarse y, cómo no, prepara un libro sobre su experiencia. Su sorpresivo y agridulce despertar fue la noticia mundial de moda la semana pasada.
Por desgracia, hay varios cuestionamientos a esta historia que el inmenso cubrimiento mediático ha obviado. Algunos tienen que ver con el eterno y muy difícil problema de la naturaleza de la consciencia. Otros están relacionados con el uso político del caso de Houber como una nueva lanza en la batalla contra la legalización y normatización de la eutanasia y la muerte asistida. El que me interesa discutir aquí —y que fue señalado, entre otros, por el famoso científico escéptico James Randi— tiene que ver con la manera como Houben se comunica. Mucho se dice sobre la existencia de un teclado especial diseñado para sus necesidades particulares, pero poco acerca de la forma como Houden presiona las teclas. ¿No es sospechoso que alguien sin control motor, que al parecer no puede ni siquiera mover los ojos para decir sí o no, pueda usar un teclado por más especial que sea? Este video donde Houben teclea literalmente con los ojos cerrados nos ofrece algunas pistas al respecto.
El término técnico es comunicación facilitada. Durante los años setenta y ochenta estuvo de moda como una terapia más para intentar derrotar el autismo. Se creía que los niños con esta condición podían comunicarse si contaban con la ayuda de un asistente o facilitador que moviera sus manos sobre un teclado. Al final, como en la historia clásica de Hans El Listo, ese caballo que sabía sumar, multiplicar y leer la hora, se descubrió que los facilitadores, tal vez inconscientemente, transmitían a través del teclado lo que ellos creían que los niños pensaban (cosas como "Necesito un transplante de hipotálamo" o "La realidad duele"), convencidos de que el brazo del niño los guiaba. Todo resultó ser una farsa, puro efecto tabla ouija. Actualmente, varias asociaciones especializadas condenan su práctica.
En el caso de Houben la patraña parece más que evidente: una mujer controla sin sutilezas su brazo a toda velocidad sobre un teclado mientras Houden a duras penas sostiene la cabeza sobre su hombro derecho. Steven Laureys, el médico a cargo del caso de Houben y una reconocida autoridad en el área, se ha defendido ante las críticas. Dice que entiende el escepticismo pero que tiene pruebas que confirmarían que la comunicación facilitada de Houben es real. Pruebas que, supuestamente, todavía no puede divulgar.
La cuestión es complicada: tal vez Laureys tiene razón y su método diagnóstico efectivamente demuestra que Houden está consciente, lo que quiera que eso signifique (¿Que su cerebro responde a estímulos externos? ¿O que puede interpretar estos estímulos y responder a ellos?), pero también podría ser cierto (y hasta ahora no hay nada que pruebe contundentemente que no es así) que Houden, aunque despierto, sigue encerrado, incapaz de comunicarse con el exterior, y asiste impotente al espectáculo de terror de la mujer que mueve su mano, habla por él y promete libros a su nombre por televisión ante unos periodistas que repiten al pie de la letra y con nulo espíritu crítico lo que quiera que los científicos digan. Queda la duda, de cualquier manera, de por qué el equipo de Laureys no ha optado por alternativas más confiables que la desprestigiadísima comunicación facilitada. ¿Por qué, por ejemplo, no han recurrido al uso de prótesis neuromotoras que permitan que Houden pueda controlar, mediante la conexión directa de su cerebro y un computador, programas sencillos? A través de ellos y con cierto entrenamiento tal vez podría comunicarse, por fin, sin médiums que interpreten su pensamiento y su voluntad.