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“Hoy es el día más negro de nuestra comunidad…”, le dijo Marcos Cohen al periódico caraqueño El Universal, mientras su rostro era dominado por la rabia. “Esto no había ocurrido nunca. Desde la Segunda Guerra Mundial no había habido un gobierno antisemita. Llevo 52 años en este país y aquí siempre hemos estado contentos. Pero ahora nos sentimos amenazados”, añadió.
Según la hipótesis que maneja la Policía, unos 15 asaltantes llegaron la noche del sábado a la sinagoga, redujeron a los visitantes y permanecieron por cerca de cuatro horas en el lugar. “Lanzaron al piso los rollos sagrados de la Tora y otros objetos del culto”, comentó a la prensa Elías Farache, presidente de la Asociación Israelita de Venezuela.
Después de conocida la noticia, los judíos residentes en Caracas hicieron la evaluación de los destrozos. El panorama era desconcertante: encontraron en toda la sinagoga mensajes como “No los queremos, asesinos” o “Israel: malditos. Muerte”.
Horas después el gobierno israelí se pronunció. “Este tipo de violencia sólo puede ocurrir en Venezuela con el beneplácito de las autoridades al más alto nivel del Estado”, le dijo Yigal Palmor, portavoz del Ministerio de Exteriores a la agencia EFE.
En el mismo sentido, el Centro Simon Wiesenthal de Buenos Aires le hizo un llamado a José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, para que intervenga en lo que calificó de “escandalosa campaña antisemita de uno de sus países miembros”.
Sin embargo, el gobierno venezolano dejó muy en claro cuál es su posición sobre el tema. “Nosotros respetamos al pueblo judío. Pero pedimos respeto por el pueblo palestino y su derecho a la vida”, declaró Nicolás Maduro, ministro del Interior.
Este nuevo capítulo en las relaciones entre Israel y Venezuela sucede al llamado que hiciera la semana pasada el Ministerio de Exteriores israelí a todos los diplomáticos venezolanos para que abandonen el país.
Mientras tanto, en Jerusalén, el primer ministro Ehud Olmert amenazó a las milicias palestinas con un ataque desproporcionado a Gaza si continúan las arremetidas con cohetes caseros en el sur del país.