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La generación “Ch”

Son el 17% de casi 28 millones de venezolanos, los que conocieron al mandatario siendo apenas unos niños. La juventud de la Revolución Bolivariana es más activa políticamente que sus padres o sus abuelos.

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Si en Estados Unidos les pusieron delante la X y la Y para catalogar a los nacidos en los setenta y los ochenta, y en Cuba también la Y para agrupar a los nacidos bajo la revolución cubana, aquí en Venezuela, al menos en los titulares, les ponen la Ch de Chávez. “Los Ch”, así llaman al conjunto de jóvenes que han transitado desde la adolescencia hasta la adultez temprana bajo el mismo gobierno que ha conducido a Venezuela durante la última década con una única referencia de la figura presidencial.

Diez años de agitación política: un gobernante elegido que representaba la “antipolítica” y el antibipartidismo, una nueva Constitución (1999), seis elecciones que afectaron directamente al primer mandatario (dos referendos incluidos, sin contar los comicios parlamentarios y las regionales), un golpe de Estado y el regreso de Chávez al poder en tres días.

Una huelga petrolera que terminó en el despido de 18 mil trabajadores de la industria, la institución del socialismo en la geopolítica, la economía, las políticas sociales y en el discurso único de todos los poderes del Estado y la base militante, la creación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) comandado por el propio Presidente, el cese de la concesión, en 2007, de la señal abierta a la televisora de cobertura nacional Radio Caracas Televisión, que generó una masiva protesta universitaria (el mismo año, Chávez perdió una elección por primera vez, con la no aprobación del referéndum constitucional).

La desintegración y recomposición de la oposición democrática, que comienza a ganar terreno electoral. Un país polarizado en el verbo, las votaciones y los medios de comunicación, con expresiones violentas sobre todo en 2002 y 2003.

Todo eso ha pasado, en la línea gruesa, desde que Hugo Chávez asumió el poder por primera vez, mientras ellos, a quienes llaman los Ch, dejaban la primaria y los juguetes y se hacían hombres y mujeres que hoy viven en la veintena de su vida y representan poco más de 17% de los casi 28 millones de venezolanos proyectados como la población de 2008 por el Instituto Nacional de Estadística.

Jóvenes “conectados”

Lo que distingue de quienes los precedieron, aparte de estar más “conectados” a través de la tecnología, es su preocupación por la política, aunque expresen esa inquietud de maneras distintas, dice Luis Vicente León, director de la reputada encuestadora Datanálisis, que ha llevado a cabo numerosos estudios de opinión con jóvenes venezolanos. Agrga que: “Se comportan en su mayoría como una población juvenil estándar, son irreverentes. Dicen ‘no me vengas a decir que Chávez es un dictador, pero tampoco me digas que tiene que elegirse per saecula saeculorum. Son mucho más abiertos de mente”.

El blog de Juan Andrés Ravell y sus socios y colaboradores es quizás una representación de ello, aunque él, con sus 27 años, hable de quienes son un poco menores como “los chamos” (los pelados). Ravell edita un sitio web de humor político criollo, El Chigüire Bipolar (www.elchiguirebipolar.com) y es así como hace cara al tema del que es difícil escapar, con una mirada socarrona y muy local de la actualidad, que ironiza con todas las tendencias políticas. Desde mayo, cuando el sitio salió al aire, han recibido 1,4 millones de visitas.

Quería ser cineasta. En 2005 montó con su socio una productora, luego de trabajar en la estación de cable Sony. Es uno de los guionistas de la serie Nada que ver que transmitió esa televisora. Ravell se hizo adulto mientras transitaba desde “la izquierda adolescente que leía a Cortázar y escuchaba a Silvio Rodríguez, el escepticismo hacia todo de los veinte años, hasta la centro-derecha liberal, dueño de mi propia compañía. Soy un opositor crítico”.

De acuerdo con sondeos recientes de Datanálisis, 48,5% de los encuestados venezolanos manifiesta no estar alineado de forma irrestricta con los polos chavistas y opositor, pero su opinión es decisiva a la hora de las votaciones. La cifra sube a 64% si les toca responder a quienes tienen entre 18 y 24 años. Sólo 22% dice estar conectado directamente con un partido o una propuesta política, según estos sondeos.

Sangre chavista

Los jóvenes que militan en organizaciones y partidos son menos, pero son más visibles a través de los medios de comunicación. Como quienes asumieron, desde las universidades, un cierto liderazgo que se generó de la protesta estudiantil por el fin de la señal abierta de RCTV. Como contrapartida, la maquinaria gubernamental se activó y articuló movimientos juveniles en defensa de la revolución.

De esto salieron nombres que lograron cargos altos, de elección popular o por designación, como Freddy Guevara, recién electo concejal metropolitano de Caracas por el partido opositor Un Nuevo Tiempo, y Héctor Rodríguez, quien durante tres meses fue ministro del despacho de la Presidencia de la República y ahora coordina el Frente de Estudiantes y Jóvenes por la Enmienda (la que propone Chávez en la Constitución para permitir la reelección continua del presidente).

Daniel Aponte siente que integra la “generación de la Revolución Bolivariana”. Milita desde los 12 años y tiene 20. Hace ocho entró a la Juventud de Quinta República (del otrora partido oficial MVR) y trabajó como coordinador de actividades culturales y deportivas en cuatro o cinco calles de su barrio popular de Sarría, en el centro-norte de Caracas, y a los 15 ya coordinaba cinco parroquias de la ciudad desde el Instituto Nacional de la Juventud. A los 18 era jefe de una Unidad de Batalla Electoral (para las elecciones presidenciales de 2006) y hoy es delegado electo del PSUV y miembro de la dirección regional de este partido en la capital.

“Soy guevarista y creo en el comandante Chávez”, dice. Al evocar el discurso de su líder advierte que su misión personal es “consolidar el proceso revolucionario y socialista” y compartir “la lucha antiimperialista y contra la explotación del hombre por el hombre, para lograr la mayor suma de felicidad posible, pobreza cero, cero exclusión. Paz con justicia, sin igualdad no hay justicia y sin justicia no hay paz”, sentencia.

“Mi generación ha crecido sin entender lo que es la separación ni el balance de los poderes públicos, y allí es donde está el autoritarismo en Venezuela. Pero siempre tuve mucha fe en mi generación, porque puede marcar la diferencia a corto y mediano plazo”, afirma, por su parte, David Smolansky, 23 años, dirigente del movimiento que agrupa a alumnos de más de 40 universidades en todo el país, estudiante del noveno semestre de Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello.

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Smolansky maneja un elaborado discurso sobre valores como la libertad versus el despotismo y el respeto por la opinión del otro y atribuye al movimiento del que forma parte la contribución a las últimas victorias de la oposición (en el referendo de 2007 y en estados importantes del país en las regionales de 2008) con la conformación de testigos electorales y el llamado a votar, así como un refrescamiento en el liderazgo opositor. El movimiento está activado frente a la propuesta de enmienda. “Hace falta crear una plataforma juvenil en la que sigamos haciendo el trabajo, cada quien desde su rol, por la defensa de las libertades, los derechos civiles y la reconciliación”.

Y están los que son como ella, que no milita, ni cree, ni vota, ni nada. Yoelis Orozco, hija de una barranquillera nacionalizada venezolana, no está inscrita en el Registro Electoral y no le interesa. Con sus 20 años eso es lo que hace: trabajar como cajera en una panadería para mantener a sus dos hijos de cuatro y dos  años y a su madre enferma con lupus.

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Vive en el barrio pobre de La Bombilla, en Petare, al este extremo de Caracas, uno de los distritos con más barrios pobres en la ciudad. “Si no trabajo no como”, sentencia. También tiene sueños: cambiar de trabajo a uno que le pague más, ese de promotora en el bingo, para terminar el bachillerato en el día y llegar a ser médico.

Sostiene María Teresa Urreiztieta, psicóloga social, que durante 14 años ha investigado a los jóvenes venezolanos desde su cátedra en la Universidad Simón Bolívar, que falta mucho aún para hablar de un cambio generacional en la sociedad venezolana. “Falta madurar mucho tanto en lo político como en lo cultural. No ha habido un cambio profundo en las instituciones, que siguen reproduciendo el mismo orden establecido que nos han dominado en medio siglo. Estos muchachos promueven valores como justicia, libertad y solidaridad, pero con una raíz poco profunda en el cuestionamiento de la sociedad. Es una especie de fiebre, de sarampión, para buscar nuevas banderas, un líder que se parezca más a ellos. Pero todavía no hay un proyecto de país claro”.

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Surge el movimiento estudiantil

Caracas fue escenario de dos concentraciones multitudinarias. La primera, promovida por el gobierno, circuló por varias calles de la capital: eran jóvenes entre 16 y 25 años, dispuestos a dar la batalla por su líder Hugo Chávez y por la reelección indefinida. Según gritaban los manifestantes: “Chávez nos ama y por eso es incapaz de hacernos mal. Si propone la enmienda, sentimos, sabemos, que lo hace para el bien de nosotros, del país, de la revolución”. “Al aprobar la enmienda estamos fortaleciendo a Chávez y fortaleciéndonos nosotros”.

Al mismo tiempo, al otro lado de la ciudad lo que se escuchaba era otra cosa: “No es no”, gritaba otro grupo juvenil conformado por cientos de universidades que se oponen a las intenciones reeleccionistas del Presidente. La primera terminó sin incidentes. La segunda fue dispersada a gas y agua por la policía. El movimiento estudiantil toma fuerza.

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