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El argentino Lionel Messi recibirá el Balón de Oro; Cristiano Ronaldo será Balón de Plata, y a Xavi Hernández le entregarán el de Bronce. Esos son los premios de la revista France Football en la que los corresponsales mundiales de la prestigiosa publicación gala votan para seleccionar, hace más de treinta años, los mejores jugadores de cada año.
Como toda votación es absolutamente subjetiva y cada uno tiene sus gustos y acá sí vale decir que gana la democracia de la mayoría.
Es difícil decir que Messi no merece el premio. Y más todavía si se mira la cuestión mediática en la que el argentino y el portugués son dos maestros, productos del marketing de sus patrocinadores, que los tienen como auténticos íconos vendedores de zapatos, camisetas, refrescos, teléfonos, etc.
Pero, como en cuestión de gustos no hay disputas, soy de la misma opinión que César Menotti, José Mourinho, entre otros, que han dicho que le hubieran entregado el Balón de Oro a Xavi, el maravilloso volante del Barça y de la selección española. Considerado el mejor jugador de la última Eurocopa, un reconocimiento pleno a su maravillosa gestión, Xavi es el auténtico gestor del fútbol celestial del Barça y de la selección ibérica. Toca, transporta, conduce, mete pases milimétricos de gol, aparece en el área adversaria, juega y hace jugar.
Si Messi brilla tanto es porque a su alrededor tiene una estructura táctica a su servicio. Jugar al lado de Iniesta y Xavi le permite al argentino lucir su incuestionable capacidad y habilidad, lo que no le pasa en Argentina, donde el colectivo no funciona. Y el guía de ese entramado, el artista de la maniobra en corto y en largo con los cambios de frente es Xavi, otro producto de la maravillosa cantera catalana, otro producto de La Masía, donde la fábrica produce los mejores jugadores del momento en España y tal vez del mundo.
Con Xavi se hace realidad la frase aquella de que el perfume fino viene en envase pequeño. El maravilloso volante catalán tiene el don de la ubicuidad para encontrar a sus compañeros en la pelota corta, para saltar líneas adversarias, para habilitar en profundo a sus atacantes. Y cuando se encuentra en la sintonía fina con el otro duendecillo genial, Andrés Iniesta, la pelota fluye de costado a costado, en suaves toque, en espléndidas paredes y triangulaciones donde las prédicas del “tercer hombre”, el “saltar líneas”, “apoyos condicionados” con que se edifican los jugadores de las inferiores del Barça, se hacen realidad en la cancha, no importa que sea contra el Inter, el Manchester United o el Real Madrid.
El silencioso Xavi merecía más, pero en el fútbol más vale un gran patrocinador como Nike.