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El trabajo en Colombia debe ser reformado y nadie discute con eso. Muestra de ello es que casi seis de cada diez trabajadores son informales, por lo que no gozan de beneficios como protección ante riesgos laborales, acceso a la salud, cotización a pensiones, un ingreso de por lo menos un salario mínimo, vacaciones, caja de compensación familiar y cesantías.
A esto hay que sumarle otros ingredientes como la alta tasa de desempleo, la brecha laboral y salarial entre hombres y mujeres, la falta de garantías jurídicas para la protección de trabajadores y la precaria cobertura del sistema pensional, entre otros.
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El próximo 16 de marzo el Gobierno de Gustavo Petro, en cabeza del Ministerio de Trabajo, radicará ante el Congreso su propuesta de reforma laboral. Un documento que, según lo que ha informado la ministra Gloria Inés Ramírez, tendrá en cuenta las nuevas realidades del mercado laboral, razón por la que propenderá por regular a los trabajadores de aplicaciones y volver a la jornada nocturna que arranca desde las seis de la tarde, entre otras iniciativas.
¿Por qué se necesita una reforma laboral?
Antes de que se dé este debate, es importante entender por qué el trabajo en Colombia necesita una reforma. Según lo explicado por el abogado laboralista, Víctor Julio Díaz, gran parte del marco regulatorio laboral colombiano se muestra obsoleto, pues el Código Sustantivo del Trabajo que se encuentra vigente ya tiene más de 60 años (es del año 1950).
Hace seis décadas no había las nuevas tecnologías que vemos ahora, tampoco jornadas tan flexibles como las que se ven en las ciudades de 24 horas, no era tendencia el teletrabajo y mucho menos se hablaba de trabajo en casa, entre otras realidades propias del siglo XXI.
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“A ese código de 1950 se le han hecho algunos ajustes, pero todavía no estamos en línea con las nuevas orientaciones, la influencia del internet, y otras formas que se han presentado, como el teletrabajo y el trabajo en casa. Tampoco tenemos una legislación acorde con los actuales momentos del mundo”, detalla el profesional.
A esto se suma que en la Constitución del 91 se le ordenó al Congreso expedir el denominado Estatuto del Trabajo. En países como España los gobiernos cuentan con estas normativas desde hace más de 40 años. En Colombia, 31 años desde que se estrenó la nueva carta magna sigue sin tener este estatuto.
Los ajustes que se han hecho en los últimos años (vía decretos, resoluciones y demás actos administrativos), han intentado poner a tono el marco regulatorio con la realidad laboral. Sin embargo, siguen siendo insuficientes.
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Ejemplo de lo anterior son los decretos que expidió el pasado Ministerio del Trabajo, en cabeza del para entonces ministro Ángel Custodio Cabrera, en donde se reguló la figura del teletrabajo y el trabajo en casa, dando así una directriz clara a los empleadores sobre lo que deben tener en cuenta al adoptar cualquiera de estas figuras. Hay que recordar que las mismas fueron presionadas por la “nueva realidad” que trajo consigo la pandemia.
¿Qué debe incluir esta reforma laboral?
Más allá de lo dicho anteriormente, para Darío Maldonado (quien es profesor asociado de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, y quien también fue jefe de la misión de empleo que se adelantó hace algunos años en el país) es importante repensar las reglas de juego para reducir la informalidad.
“El punto principal de los problemas del mercado laboral en Colombia es el siguiente: tenemos una protección social que es muy dependiente del estatus laboral de los trabajadores. También tenemos una protección ante riesgos laborales que es muy débil, y que realmente no protege a los trabajadores en Colombia”, detalla.
Estos y otros factores redundan en malos incentivos para ser formal, amén de que la formalidad es costosa para los trabajadores, si se tiene en cuenta las contribuciones que hacen para tener cobertura en salud, caja de compensación familiar y cotización de pensión, entre otras.
“No solo es costoso, sino que como el sistema está mal organizado, no hay beneficios claros”, detalla. En suma, emplear mecanismos que faciliten el acceso a estos beneficios, es importante si se quiere atacar el reto de la informalidad, y eso es algo que se puede lograr mediante la reforma laboral.
El listado de los otros elementos que serían necesarios en la reforma (según análisis hechos desde el gobierno, sumado a otros aportados por terceros) es amplio. En este se incluye garantías en la rama judicial para responder al derecho de los trabajadores (así como para la conformación de sindicatos y huelgas); una adecuada formación para el trabajo que responda a las necesidades del mercado laboral y la formalización del trabajo de tiempo parcial, entre otros.
El reto es considerable. Según lo dicho por la Misión de Empleo que se adelantó bajo el mandato de Iván Duque, el mercado laboral colombiano no necesita una, sino varias reformas entre los diversos rubros que lo componen para resolver los problemas de raíz. Este es un trabajo que fácilmente podría tardar más de un periodo de Gobierno, por lo que se hace necesario que la actual reforma marque unas bases claras para que las próximas presidencias y congresos del país puedan construir sobre lo construido. No hay forma en que la solución se alcance desde el cortoplacismo.
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