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En febrero, la inflación anual se ubicó en 5,29 %, por debajo de las proyecciones de los analistas que esperaban un dato cercano al 5,49 % y del resultado de enero (5,35 %). ¿Es una buena noticia? Los analistas tienen reparos.
Primero hay que entender cómo llegamos hasta acá. En medio de la reactivación económica después de la pandemia del covid-19, los precios aumentaron. La inflación llegó a su punto máximo en marzo de 2023, cuando se ubicó en 13,34 %. Aunque desde entonces los precios han cedido, no lo han hecho al ritmo esperado. Desde finales de 2024 la inflación permanece “estancada” cerca del 5 %, todavía muy por encima de la meta del 3 % fijada por el Banco de la República.
Después de que el gobierno de Gustavo Petro decidió subir el salario mínimo en 23 % para este año, las proyecciones de inflación se dispararon. Por ejemplo, las expectativas de inflación básica a diciembre de 2026 aumentaron al 6,7 % en enero desde el 4,6 % que estaba en diciembre. Un incremento de 210 puntos básicos en un mes, como destacó en entrevista con El Espectador Leonardo Villar, gerente del Banco de la República.
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El Banrep decidió subir las tasas de interés en 100 puntos básicos (hasta 10,25 %) en la reunión de enero, considerando, entre otras cosas, los cambios en las proyecciones (que ahora indican que la variación del IPC cerraría 2026 por encima del 6 %) y que la inflación lleva cinco años por fuera de la meta.
Ahora, la inflación de febrero mostró una leve desaceleración frente a la de enero, con una reducción de seis puntos básicos. El presidente Gustavo Petro, que ha cuestionado duramente las decisiones de la junta directiva del Banco de la República, reiteró que el ahora llamado “salario vital” no trae inflación, que la variación del Índice de Precios al Consumidor comenzó a bajar y que el aumento en las tasas “lo único que hace, además de engordar poderosos rentistas, es no dejar crecer la economía y aumentar el costo de la deuda”.
El gerente del Banco de la República dijo en entrevista con este diario el mes pasado que a los miembros de la junta directiva les encantaría bajar la tasa de interés, pero que no es posible hacerlo: “Cuando hay presiones inflacionarias nos vemos forzados a adoptar una política monetaria más restrictiva para llevar a la economía a una inflación más baja”.
Lea la entrevista: “Fue una decisión dolorosa, pero necesaria”: gerente del Banrep habla de tasas de interés
El análisis de la inflación va más allá
¿Podemos cantar victoria con la inflación? Los analistas dicen que no.
El más reciente informe del Centro de Pensamiento Económico ANIF señala que la moderación inflacionaria de febrero obedece a factores coyunturales que no eliminan los riesgos de mayores presiones hacia adelante.
En esa misma línea, Investigaciones Económicas de Banco de Bogotá aseguró que la mejora de febrero es “engañosa” porque oculta las “evidentes presiones que el ajuste salarial está teniendo sobre los servicios diferentes de arriendos“.
Los analistas destacan que la inflación de servicios pasó de 6,33 % en enero a 6,45 % en febrero. El impulso estuvo en rubros en los que la mano de obra es un costo determinante, como las comidas en establecimientos y el servicio doméstico.
La única categoría que realmente se desaceleró fue regulados, que pasó de 5,5 % en enero a 4 % en febrero. De acuerdo con ANIF, el ajuste tuvo que ver con la electricidad, que mostró una mejora porque bajó el precio en la bolsa de energía gracias al nivel de los embalses; con los combustibles, por la reducción de COP 500 en el galón de gasolina, y con el gas domiciliario, por el efecto base de un febrero de 2025 en el que subieron los precios de este energético en varias ciudades del país.
Además, Investigaciones Económicas de Banco de Bogotá destacó que la inflación básica, un dato que el Banco de la República vigila de cerca porque excluye componentes volátiles, se mantuvo estable en 5,4 %; mientras la inflación sin alimentos ni regulados pasó de 5,4 % en enero a 5,5 % en febrero.
“A pesar del alivio en el dato anual, esta cifra no disipa las dudas sobre las presiones inflacionarias vigentes. De hecho, la inflación sin alimentos ni regulados marcó el nivel más alto desde septiembre de 2024, lo que sugiere persistencia en las presiones alcistas que enfrentará la inflación básica”, aseguró Laura Clavijo, directora de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercado de Bancolombia.
Ese centro de análisis sostiene que el impacto en el aumento del salario mínimo todavía no se refleja plenamente, de ahí que en los próximos meses podrían intensificarse las presiones inflacionarias. En ese escenario, las tasas de interés seguirían subiendo. Clavijo estima que llegarían a 11 %.
Mariana Quinche Bustamante, economista de BBVA Research, dijo que la inflación aumentará en lo que resta del año no solo por la persistencia de los efectos del salario mínimo, sino también por “la reversión del efecto base en las tarifas de gas, una posible depreciación del peso y los efectos de la ola invernal”.
Mientras el Gobierno defiende que la mejora de febrero es una muestra de que el incremento en el mínimo no se traducirá en más inflación, los analistas mantienen las proyecciones que indican que este año los precios seguirán subiendo y el Banco de la República tendrá que subir más las tasas de interés.
Los datos de los próximos meses mostrarán si el IPC de febrero fue o no el inicio de una inflación a la baja.
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