Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
No es fácil hacer predicciones, en especial en materia económica; y vaticinar cuál será el futuro del TLC entre Colombia y EE.UU. en la era Obama no es la excepción.
Si se analiza lo ocurrido hasta ahora, tal vez lo más acertado sería decir que el TLC continuará en el limbo algunos meses más, mientras la nueva administración asume en pleno sus tareas. Luego, lo más probable es que en ese momento se hagan algunos pronunciamientos —y eventualmente algunos acuerdos— en materia de derechos humanos y protección de sindicalistas en Colombia, lo que finalmente le permitiría al Congreso de Estados Unidos aprobar el tratado firmado hace ya más de dos años entre los dos países.
Las razones que llevan a esa hipótesis son varias. Primero, porque Obama en su campaña dijo que si bien no se oponía a los acuerdos comerciales —votó a favor del TLC con Perú— en el caso de Colombia le preocupaba la violencia contra los sindicalistas y hasta tanto ese hecho se solucione, apoyará el Tratado. Y hay que creerle. Claro que una cosa es lo que se dice como candidato y otra lo que se hace como Presidente. No se puede desconocer que la realpolitik entra a operar y las posiciones pueden cambiar.
Segundo, porque Hillary Clinton hace una semana, durante las sesiones de ratificación como nueva Secretaria de Estado, manifestó algo similar, en términos más vagos, pero en el mismo sentido.
Tercero, porque las prioridades van a ir por caminos distintos. En materia económica, la crisis doméstica ocupará la atención de las autoridades por varios meses; y en política internacional, la crisis de Oriente Medio, Irak y otros dolores de cabeza, estarán por encima de los asuntos latinoamericanos.
Cuarto, porque en épocas de crisis y aumento del desempleo las fuerzas proteccionistas tienden a fortalecerse, y si además esa es la tendencia histórica del Partido Demócrata —que tiene la presidencia y el control del Congreso—, no es de extrañar que el libre comercio reciba serios ataques.
Y por último, porque el discurso colombiano en materia de mejoras en derechos humanos y protección de los sindicalistas no ha logrado cuajar entre los líderes demócratas y aunque se han hecho muchos esfuerzos en ese sentido, la realidad es que en sectores importantes todavía no están muy convencidos de los adelantos que se han logrado en el país en estos temas. Sin contar con el hecho de la palpable cercanía con la administración Bush, con medalla incluida, que hoy genera más recelos que confianza.
Sin embargo, también existen elementos que permiten pensar que al cabo de unos meses el TLC pueda llegar a ser aprobado; siempre y cuando en Washington sientan que la agenda colombiana en materia de derechos humanos y temas laborales coincide con la suya. Recordemos que el senador Charles Rangel dijo el pasado 15 de enero que el nuevo Presidente buscará la aprobación del TLC por parte del Congreso de Estados Unidos y que ahora que los demócratas controlan ambas cámaras es posible llegar a una solución que atienda todas las preocupaciones que puedan existir sobre Colombia.
Dentro de esos elementos se destacan la entrada en vigencia del TLC peruano en estos días, que demuestra que el libre comercio, aun en época de crisis, sigue vigente. El hecho que quien parece ocupará el cargo de representante comercial de Estados Unidos, el señor Ron Kirk, sea pro comercio, sin duda alguna ayudará. Igualmente, que Thomas Shannon, actual subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental y quien conoce muy bien a Colombia y a sus vecinos, presuntamente siga en el cargo por un tiempo, ayuda a que Colombia, aunque no sea prioridad, forme parte de la agenda y que en algún momento a alto nivel se tomen decisiones frente a los temas de interés para su aliado en la región, como el Plan Colombia y el TLC. Por último, como lo dijo en una entrevista el embajador Moreno, actual presidente del BID, tranquiliza el hecho que hasta ahora ningún acuerdo comercial firmado por Estados Unidos ha dejado de ser aprobado por el Congreso; puede que unos se demoren más que otros, pero todos son aprobados.
Con ese panorama, el Gobierno colombiano deberá continuar con sus esfuerzos diplomáticos por mantener el TLC en la agenda del Ejecutivo y del Congreso de EE.UU.; tratar de convencer a los líderes demócratas sobre los avances en materia de derechos humanos y protección de los sindicalistas en el país, con cifras y argumentos creíbles; seguir con la actividades de lobby (pagando a firmas especializadas o utilizando los buenos oficios como los del ex presidente Clinton) y aprovechar ciertos eventos, como la Cumbre de Trinidad y Tobago en abril de este año, para establecer un plan de ruta y lograr algunos compromisos con la nueva administración que conduzcan a la aprobación del Tratado en el futuro cercano.
Afortunadamente todavía tenemos el Atpdea hasta finales de 2009, lo que permite que nuestras exportaciones continúen entrando a ese mercado, que es el más importante para Colombia, sin pagar aranceles. Pero éstas son temporales y deben ser reemplazadas de una vez por todas por un tratado bilateral que dé seguridad jurídica a los operadores comerciales. De las buenas gestiones diplomáticas, las políticas internas en materia laboral y de derechos humanos y de la actitud y las declaraciones de todos los funcionarios del Gobierno, incluidos los asesores presidenciales, depende que sea así.