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Hoy voy a hablar de la esperanza, como dice César Vallejo. Voy a escribir sobre la esperanza a pesar del dolor de muchos colombianos que se sienten perdedores porque la Coalición Colombia no pasó a la segunda vuelta para elegir quién será el próximo presidente de Colombia.
1. Es esperanzador lo sucedido porque si aguzan la mirada Uribe-Duque son derrotables. De hecho, fue así. Reúnan la votación de la Colombia Humana, de la Coalición Colombia y de don Humberto de la Calle Lombana y tendremos casi 9,7 millones de votos, mientras que Duque más Vargas obtuvieron aproximadamente 8,6 millones de votos.
2. Es esperanzadora la derrota de Vargas Lleras, es un buen síntoma de que ya no funcionen las maquinarias o mejor la corrupción basada en la obstrucción de las libertades de los votantes.
3. Es esperanzador que en regiones como La Guajira y Sucre, olvidadas, ninguneadas, excluidas, haya ganado la Colombia Humana, cuando es una constante que allí donde hay más desamparo el Centro Democrático hace de las suyas.
4. Aumentó la cantidad de votantes en una clara muestra de que la abstención ha disminuido y de ello se podría inferir que este país salvaje llamado Colombia no es sólo de Álvaro Uribe.
¿Qué se supone que viene en estos quince días? Pienso que hay que insistir en que la propuesta de la Colombia Humana no hace parte de ningún extremo, son propuestas que reclaman lo mínimamente exigido para que Colombia sea un Estado social de derecho. Ahora, que muchos seguidores de la Coalición Colombia sientan que la opción Petro-Ángela María Robledo es un extremo, lo sucedido el domingo, es decir, la multiplicidad de opciones en contienda, echa al piso esta mirada. Extremo —y tóxico— es el Centro Democrático que configura al uribismo puro y nefasto. Creo pues como afirma la periodista María Antonia Pardo que la cosa es así: “Si decide no votar: vota por Uribe. Si decide votar en blanco: vota por Uribe. Si decide anular su voto: vota por Uribe. Si decide votar por Duque: vota por Uribe”.
Corresponde pues a la Colombia Humana convencer a la Coalición Colombia —a sus dirigentes y votantes— y al Caballero de la Triste pero Digna figura que es don Humberto de la Calle de que esta propuesta es la que impedirá que el Centro Democrático continúe con su política neoliberal, su accionar de cultivar la tierra de nuestros pueblos, ciudades y veredas con fosas comunes, su trabajo enconado porque la educación, la salud y el agua sean una propiedad privada. Y así.
Los seguidores de la Coalición Colombia deberían ir más allá de sus líderes. Dejar de analizar al líder de la Colombia Humana desde la perspectiva de su estilo, su color de piel, sus maneras de decir las cosas, se trata también de un equipo humano regentado por la sabia y pausada Ángela María Robledo. Es momento de pensar en las propias biografías, pero también solidarizarse con los millones de víctimas que, en cabeza de don Humberto de la Calle, aguardan a que se consoliden los Acuerdos de Paz y no que se hagan trizas.