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No hay derecho

Lorenzo Madrigal
15 de noviembre de 2009 – 06:47 p. m.

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SABEMOS QUE PASARÁN (LOS ÁULIcos y los otros) por encima de toda sentencia, auto o providencia de naturaleza diversa, con tal de entronizar a Uribe en su tercer período, que él anhela, no por ambición de poder (¡ni más faltaba!), sino por el justificado temor de que su obra magnífica vaya a deteriorarse.

El dictamen de los conjueces del Consejo Electoral, delegación irreversible que hizo el propio cuerpo colegiado, será posiblemente revocado. No es la justicia la que se ha politizado, la han politizado, le han quitado autonomía y debe ajustarse a intereses oficiales, so pena de ser denigrada, revocada y sus jueces (o conjueces, que les son equivalentes) lanzados a la picota pública y procesados.

Nada se le escapa a este Gobierno en materia de privilegios, claros delitos y desviaciones de poder. A mano tiene al señor experto, al gran artesano de la política, con quien el hoy jefe del Gobierno se trenzó en bofetones hace marras. Ahora es distinto, el gran jefe acude al experto precisamente porque se las sabe todas.

“Ley superior”, proclamará el señor experto, cuando la Corte amiga, que es nada menos que la Constitucional, rinda concepto favorable al reeleccionismo, pese a los trámites torpes y violatorios. “Ley superior”, responderán los áulicos en coro, si llegare a ser aprobado popularmente el acto reformatorio, así haya sido alterado su texto, como lo fue y, vaya uno a saberlo, si a última hora, el mismo censo electoral.

Ley superior mata ley de garantías, reiterará sentenciosamente el experto. Pasará arrollador el referendo, el de las firmas inválidas, transportadas por captadora ilegal, el que fue promovido por gente que hoy ha quedado bajo pliego de cargos.

Y la campaña antijurídica sigue su marcha igualmente en contra de los magistrados díscolos, en especial en contra del presidente de la Suprema, don Augusto Ibáñez, a quien Dios guarde, ya que le dio carácter y temple para enfrentar los halagos y los látigos del poder.

La Corte Suprema de Justicia es el único fortín independiente que le resta al país, cuando el Ejecutivo se ha tomado las demás instancias del poder, y como primera, al Legislativo, cansado ya de desayunar en el salón azul del palacio, el de los paisajes de Barrera, donde recibe instrucciones precisas sobre cómo votar, bajo amenazas implícitas.

No es este el Gobierno de los jueces, como ahora quieren llamarlo quienes se ensañan contra la justicia. Es sólo una corporación judicial, y no todos en ella, la que está vigilante por la democracia.

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