Teatro del absurdo en Venezuela

Mientras miles de venezolanos marchan en las calles, el Gobierno inaugura en Caracas un festival de teatro que irá hasta el domingo. La polémica llegó a los escenarios, pues varios actores cancelaron sus obras en “solidaridad” con los manifestantes blanco de represión.

Un sector de Caracas sacudida por las protestas. Al otro lado, el Gobierno presenta el Festival de Teatro.  / AFP
Un sector de Caracas sacudida por las protestas. Al otro lado, el Gobierno presenta el Festival de Teatro. / AFP

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En Venezuela ya no se escuchan las fiestas. Desde hace tres semanas comenzaron las protestas y, particularmente, desde hace ocho días, cuando estalló una lluvia de bombas lacrimógenas, grupos civiles armados intimidaron a los manifestantes en las calles: doce murieron, más de 777 personas fueron detenidas de manera arbitraria, se desataron saqueos y más líderes políticos fueron inhabilitados. El escenario del país es incierto.

Sin embargo se abrió otro escenario, lejos de las bombas: el Festival de Teatro de Caracas, un evento inaugurado el viernes por el alcalde chavista Jorge Rodríguez y que se extenderá hasta el domingo. En él, Colombia tiene un papel protagónico como invitado de honor.

Este festival, creado en 2011, no es el original que hizo famoso a Venezuela en el mundo de las artes escénicas. Desde 1973 se hacía el Festival Internacional de Teatro de Caracas, que durante décadas se encargó de consolidar al país como una insignia en Latinoamérica y que incluso influyó fuertemente en la creación del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá.

Carmen Ramia, quien tomó las riendas de ese reconocido festival, cuenta que tuvieron que dejar de hacerlo por distintas acciones políticas. Primero, el Estado les fue mermando los recursos económicos, los desalojaron de su sede principal en el Ateneo de Caracas y en los últimos años el alcalde organizó un festival paralelo (justo el que se está desarrollando), con un nombre parecido y entradas mucho más asequibles. “Yo intenté hablar con Jorge Rodríguez para unir esfuerzos y que los dos festivales pudieran coexistir, pero jamás tuve la oportunidad ni siquiera de que me recibiera”, expresa Ramia, quien comenta que a partir de ahí han sido años de oscuridad total para el teatro.

El director Héctor Manrique, quien estuvo con Ramia en los últimos años a la cabeza del Festival Internacional, relata que la palabra que define al teatro en Venezuela es “resistir”. En el 2001 estuvo al frente de la Compañía Nacional de Teatro y fue testigo de cómo desde las artes se intentaba controlar el pensamiento de la gente, “o estás conmigo, o estás contra mí”, una especie de declaración de guerra que se hacía recurrente en los discursos de Hugo Chávez.

Para demostrar la inconformidad con la realización del Festival de Teatro de Caracas, gestores culturales decidieron ofrecer funciones gratuitas como una forma más de resistencia, mientras que nueve agrupaciones se retiraron del festival en respaldo a las protestas.

“Pensamos que lo más coherente sería suspender el Festival de Teatro de Caracas 2017 hasta que las circunstancias vuelvan a la normalidad. De no ser así, no tenemos otra alternativa que ser coherentes con nuestros planteamientos y solidarios con lo que está sufriendo y padeciendo gran parte de la población, suspendiendo nuestras funciones programadas, no formando parte de esta ‘fiesta’ que estaría ciega a la realidad que nos está ahogando a todos”, dice un comunicado.

Durante el fin de semana, artistas y productores se congregaron frente al Teatro Municipal para protestar contra el festival. No obstante, la concentración se disipó cuando la Guardia Nacional Bolivariana descargó gases lacrimógenos.

El gran debate, cuando se organizan eventos respaldados por el Gobierno en medio de una especie de guerra civil, es dónde está el límite ético y moral.

En un país con opiniones tan divididas, el teatro no se escapa de la polarización. Para un actor es cuestionable participar en este tipo de eventos mientras en las calles hay represión.

Por otro lado, artistas participantes opinan que no se pueden seguir cediendo los espacios para las artes y que si el Gobierno les extendió una invitación deben asistir y representar. “Nadie quiere ser cómplice de un régimen que ha roto el hilo constitucional, y participar no se considera una traición, pero la gente de Colombia que va a venir tiene que entender la situación que vive Venezuela y sacar sus propias conclusiones”, expresa Manrique.

Miguel González, actor colombiano de la agrupación La Maldita Vanidad, hará parte del festival con dos obras y opina que la vida es más fácil sin prejuicios. Expresa que desde hace tiempo quería conocer Venezuela y que el arte es una forma de construir el diálogo.

Lo cierto es que el Festival de Teatro de Caracas llegó en un momento crítico: Caracas, posicionada como una de las ciudades más peligrosas del mundo, está pasando por un clima tenso.

La actriz y cantante Mariaca Semprún declaró que, en medio de la dictadura, el teatro es un espacio para ser libres, en donde la censura todavía no les gana. “En la televisión no se puede decir nada, pero en el escenario sí. Con el cierre de tantos medios de comunicación, los actores necesitan estos espacios. Pero ahora no estamos para festivales”. Ver más en: (Militares, los que sostienen a Maduro en el poder)

Manrique, quien incluso participó en el Festival de Teatro de Caracas en su segunda edición, alegó que no hará parte este año con este argumento: “Yo no me debo a mi público, me debo a mi conciencia”, y reafirmó que en estas situaciones de injusticia los artistas deben tomar partido y no ser indiferentes.

Esta semana fueron suspendidas varias actividades culturales, entre ellas el Festival de la Lectura Chacao 2017, que también estaba previsto para iniciar el pasado viernes. La gestora cultural Marcy Rangel opina que el país no está para eventos culturales ni del chavismo, ni de la oposición.

Labio de Liebre, del director Fabio Rubiano, coproducida por el Teatro Colón de Bogotá y el Teatro Petra, fue escogida como la obra inaugural del festival. Una puesta en escena sobre el conflicto armado colombiano.

Finalmente, la cultura genera progreso y, como dice la famosa frase de Voltaire: quien quiera que condene al teatro es un enemigo de su país. Con esperanza, Carmen Ramia asegura que los tiempos cambiarán y se volverá a tener el festival de teatro que siempre tuvo Venezuela. Periodista venezolana

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