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El turbio ataque desde Líbano

Pese a que  se aviva la preocupación por una escalada del conflicto, muchas son las razones por las que a los países de Medio Oriente no les conviene que Israel abra un nuevo frente de batalla. Tras los sucesos del jueves,  Irán está bajo la lupa.

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Ya lo había advertido el ministro de Defensa de Israel, Ehud Barak, el 27 de diciembre cuando comenzó la ofensiva israelí sobre blancos de Hamas en la franja de Gaza: esperaban que la frontera norte con Líbano se mantuviera tranquila, pero las fuerzas militares “estaban listas para cualquier posibilidad”.

Y después de 13 días de constantes bombardeos sobre la franja de Gaza, el misterioso ataque proveniente del sur de Líbano, con tres cohetes que inflingieron daños menores en el norte de Israel, pareció abrir de nuevo la hipótesis de que la actual ofensiva israelita contra Hamas pudiese conducir a una nueva confrontación con la organización libanesa Hizbulá, que tiene una consolidada presencia en esta región.

Israel respondió con morteros, pero sus voceros se abstuvieron de hacer mayores comentarios frente a la posibilidad de abrir un nuevo frente ofensivo. A su vez, el gobierno libanés rechazó los ataques hechos desde su territorio, mientras ambos gobiernos iniciaron investigaciones para identificar a sus autores.

¿Por qué no es probable que se abra un nuevo frente de batalla?

La incógnita

Hizbulá, el grupo chiita que mantuvo una confrontación de 33 días en 2006 con Israel, negó ayer haber ejecutado el ataque. Mohammed Fneish, miembro de la organización y actual Ministro de Trabajo del gobierno libanés, aseguró ayer a la agencia AP que la agrupación no tenía “conocimiento de los ataques”.

El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, los  rechazó y afirmó que era “un hecho aislado”. Sin embargo, desde el comienzo de la confrontación, agencias de inteligencia estaban en alerta por la probabilidad de que un episodio así ocurriera. Una de ellas, Stratfor, sostuvo que varios países, entre ellos Irán, veían con preocupación que organizaciones en el sur de Líbano, como el Comando General del Frente Popular de Liberación Palestino o pequeñas células suníes lanzaran ataques al norte de Israel que motivaran una represalia injustificada de los israelíes sobre Hizbulá.

¿Se abrirá un nuevo frente?

Pese a la advertencia de Ehud Barak y el llamado al levantamiento antiisraelí (Intifada), proferido por Hizbulá hace una semana, varios analistas coinciden en que no es el momento para que Israel  divida sus fuerzas: una concentrada en la Franja, en el sur, y otra en el norte, contra las organizaciones hostiles en Líbano. “Ni Hizbulá ni Israel están buscando pelear en estos momentos. Israel no quiere esparcir sus fuerzas mientras busca controlar a Hamas, e Hizbulá está satisfecho con limitar su apoyo a Hamas manteniendo sus líneas de aprovisionamiento y comandar varias unidades (150) en la ciudad de

Gaza”, sostiene la agencia de inteligencia Stratfor. Sin embargo, hay quienes sugieren que avivar el conflicto en la frontera norte convendría a Israel: por una parte, podría diezmar a Hizbulá, que salió fortalecido tras el enfrentamiento en 2006, y redirigiría la atención de la entrante administración norteamericana, proclive al diálogo con Irán, hacia los vínculos desestabilizadores entre los iraníes, Hizbulá y Hamas.

¿Cuál es el papel de Irán en este conflicto?

Para ganar poder dentro de Oriente Medio, la élite chiita iraní ha respaldado financiera y militarmente a la también chiita Hizbulá. Recientemente se ha acercado igualmente  a la sunni Hamas, con quien comparte su aversión a la existencia del Estado de Israel. Con Hizbulá en Líbano y Hamas en la franja de Gaza, Irán ha buscado fortalecer su poder y presencia en los países que rodean a Israel. Tras la victoria de Hamas en las elecciones de 2006, “Irán se dio cuenta de que esta organización podía ayudarle a convertirse en un poder oculto en su camino a la hegemonía regional”, afirma el analista Hillel Frisch, del Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat en Israel.

Hizbulá y Hamas

Aunque pertenecen a corrientes opuestas del islam (Hamas es sunni y Hizbulá es chiita) han estrechado relaciones, en especial desde la Intifada de 2001. Gran parte de las armas con las que cuenta Hamas en la franja de Gaza son contrabandeadas por sus aliados libaneses, quienes las trafican desde Sudán, pasando por Egipto y luego introducidas a la franja gracias a los túneles que hoy bombardea Israel.

Pese a esto, tanto Hizbulá como su patrón, Irán, han moderado su respuesta al ataque israelì a Hamas. Irán espera sacarle provecho a la entrada de Barack Obama a la Casa Blanca y no le conviene estar en el ojo del actual huracán. Por eso envió en enero 3 a Said Jalili, secretario del Consejo Supremo de Irán, a reunirse con miembros de Hizbulá en Damasco (Siria). ¿La razón? Prevenir a toda costa que Hizbulá ataque a Israel y se abra un segundo frente.

¿Y los vecinos?

Desde el 11-S, la mayoría de países árabes han moderado sus posturas frente a Israel.  Arabia Saudí, Egipto y Jordania se han alejado de los discursos beligerantes pese, algunas veces, a las animosidades de sus habitantes. Incluso Siria, enemiga acérrima de Israel, ve con preocupación que las negociaciones iniciadas en mayo de 2008 para ponerle fin a la ocupación israelí en su territorio se vea afectado por las acciones de Hamas.

De ahí que Hosni Mubarak, presidente de Egipto, haya afirmado que no se dejarán arrastrar a un conflicto regional.

Dada la moderación de sus hermanos árabes, Hamas ha terminado acercándose a Irán, aunque este último tampoco considere oportuna una escalada actual de las tensiones regionales.

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